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Perspectives

¿Te molestan ciertos sonidos? Un nuevo estudio te explica por qué

A Quiet Place. Fotografía: Paramount Pictures
Words Carlos Turmero

Como seres que sentimos y padecemos, hay cosas que nos pueden resultar molestas a cada quien, una de esas cosas puede ser el hecho de diversos sonidos que sean repetitivos y constantes: una persona soplando una sopa, comiendo con la boca abierta, un grifo goteando. Pues resulta que esto no se trata en ser intolerante o intransigente, sino que se trata de una anormalidad cerebral llamada Misofonía.

La Misofonía se define como el decremento de tolerancia a determinados sonidos tales como el masticar, la respiración fuerte o cualquier sonido repetitivo. Las personas con esta condición tienden a sentirse irritadas, enfurecidas o incluso sentir pánico cuando escuchan los sonidos que las perturban. Los médicos estadounidenses especializados en otorrinolaringología Pawel Jastreboff y Margaret Jastreboff fueron quienes nombraron a esta condición por primera vez en 2001.

Por muchos años los científicos habían sido escépticos con respecto a esta condición, pero ahora una nueva investigación llamada The Brain Basis for Misophonia, liderada por un equipo en la Universidad de Newcastle en el Reino Unido demostró que existe una diferencia en el lóbulo frontal del cerebro entre aquellos que tienen la condición y los que no.

En un informe publicado por Current Biology, científicos afirmaron que los pacientes con misofonía encontraron cambios en la actividad cerebral cuando se escuchó un sonido de “disparador”. Las imágenes cerebrales revelaron que las personas con la afección tienen una anomalía en su mecanismo de control emocional que hace que sus cerebros se aceleren al escuchar los sonidos de activación. Los investigadores también encontraron que los sonidos desencadenantes podrían provocar una respuesta fisiológica elevada, con un aumento de la frecuencia cardíaca y la sudoración.

De acuerdo con la revista TIME, para este estudio se usaron resonancias magnéticas para medir la actividad cerebral de las personas con o sin misofonia a medida que escuchaban una variedad de sonidos, los cuales fueron categorizados entre: sonidos neutrales (lluvia, un café concurrido, agua hirviendo), sonidos no placenteros (un bebé llorando, una persona gritando) y sonidos desencadenadores (el sonido de las respiración o una persona comiendo).

Precisamente los últimos fueron los que generaron una actividad cerebral diferente con respecto a los anteriores sonidos, especialmente en los pacientes con la condición, quienes registraron una hiperactividad en su cerebro como respuesta a los sonidos desencadenadores.

Ahora cuando veamos a una persona que no tenga cierta tolerancia con respecto a algunos sonidos, probablemente padezca de esta condición.

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