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Art Perspectives

Tabú, lluvias doradas y transgresión NSFW: 800 años de obsesión artística con la orina

El famoso Manneken Pis de Bruselas. Fotografía: The Culture Trip
Words mor.bo

En el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York hay una espectacular pintura al óleo de Lorenzo Lotto llamada Venus and Cupid (que se estima fue pintada en 1520). Magníficamente pintada, muestra a una Venus desnuda y reclinada con su mano izquierda cerca de su pecho izquierdo mientras su brazo derecho se eleva por encima de su muslo sosteniendo una cinta azul. Al final de la cinta hay una corona de lo que parece ser hojas de laurel. Al lado de ella, un joven Cupido alado estabiliza la corona con la mano izquierda mientras apunta una corriente de orina arqueada a través del centro para que caiga sobre su madre, la diosa del amor.

Esta escena extraña fue comisionada como un regalo de bodas en para simbolizar la fertilidad: la orina de Cupido marcando posesión y al mismo tiempo tal vez un sustituto visual del semen:

Venus and Cupic (1520), de Lorenzo Lotto. Imagen: MoMa.

Venus and Cupid (1520), de Lorenzo Lotto. Imagen: MoMa.

Aunque no hayas visto esta pintura en el MoMa, estamos seguros de que en algún momento de tu vida te has encontrado al menos una escultura de un pequeñín en una fuente con un pequeño angelito que felizmente orina un arco poderoso de lo que simula ser orina gracias al mecanismo por el que circula el agua, como el Manneken Pis de Bruselas. Y la verdad es que la humanidad parece haber estado obsesionada con arte que representa el acto de orinar desde al menos el siglo 13.

Al menos así lo explica el historiador de arte francés Jean-Claude Lebensztejn en su libro Pissing Figures 1280–2014, en donde hace un recuento de la importancia del acto en el arte: ya que hemos estado acostumbrados a realizar estas acciones a puerta cerradas por un buen tiempo, los artistas han utilizado este leit motif como un medio para transgredir los códigos sociales, políticos y religiosos puritanos desde hace unos 800 años.

De la libertad al tabú

The Bacchanal of the Andrians (1524-25), de Tiziano. Imagen: ArtSpot

The Bacchanal of the Andrians (1524-25), de Tiziano. Imagen: ArtSpot

La historia que Lebensztejn cuenta es su libro es de cómo el acto de orinar pasó de ser algo celebración a algo que poco a poco fue reprimido e inmediatamente vinculado a la sexualidad. Artistas como Tiziano utilizaban a niños en sus cuadros para simbolizar al dios Baco entre ríos de vino y reuniones al desnudo y al aire libre. De esta manera, a través del simbolismo, era visto como una travesura del pintor y nadie volteaba la mirada.

Fountain, de Marcel Duchamp

Fointain, de Marcel Duchamp. Fotografía: Alfred Stieglitz

Hasta que llegaron los siglos 19 y 20, cuando se crearon los primeros cubículos de baños públicos alrededor del mundo, que hicieron de los actos de orinar y defecar algo que sólo se hacía en privado. Fue a partir de este momento cuando la figura en pleno acto de micción estaba dotada de un nuevo poder de sorprender, perturbar y causar shock. En 1887, el pintor radical James Ensor asaltó a sus críticos con un grabado lleno de ira, The Pisser. Poco después Marcel Duchamp presentaría su Fountain en Nueva York.

Ya para la década de los 60, el arte se combinó con el performance con el colectivo Accionistas Vieneses, quienes atacaban la cultura burguesa con orina después de la Segunda Guerra Mundial. Combinaban micción, defecación y masturbación, en sus performances, y algunos de ellos fueron expulsados de Alemania o encarcelados por su atrevimiento.

Jim & Tom, Sausalito (1977) de Robert Mapplethorpe. Imagen: The Robert Mapplethorpe Foundation

Jim & Tom, Sausalito (1977) de Robert Mapplethorpe. Imagen: The Robert Mapplethorpe Foundation

Pero se quedarían cortos delante del fotógrafo Robert Mapplethorpe, quien celebró la homosexualidad y el BDSM en su obra, por ejemplo, en su fotografía Jim y Tom, Sausalito (1977), un hombre orina en la boca de su pareja en la mejor representación de una lluvia dorada.

Libertad sexual y rebeldía sin límites

"Piss Christ", de Andrés Serrano (2011)

“Piss Christ”, de Andrés Serrano (1987)

En los últimos años, artistas como Andrés Serrano se decidieron escandalizar a los críticos utilizando la orina de manera no figurativa. Ejemplo de ello es su obra Piss Christ, de 1987, para la cual cual el artista sumergió una figura de Jesucristo en la cruz en un envase lleno de su propia orina. El trabajo enfureció a ciertos legisladores conservadores, sin hablar de grupos religiosos. Una década después le rendiría homenaje a las lluvias doradas de Mapplethorrpe con su serie History of Sex desde el punto de vista heterosexual.

Sin embargo, usualmente cuando se piensa en una figura que orina tiende a ser del sexo masculino. Eso se terminó en los años 90 y principios de los años 2000, cuando una serie de artistas feministas respondieron a esta visión y comenzaron a usar imágenes del acto de orinar con mujeres. La artista Kiki Smith feminizó el motivo con Pee Body (1992), una escultura que representaba a una mujer agachada que orinaba una larga cadena de perlas de vidrio de oro.

Pee Body (1992) de Kiki Smith. Fotografía: The Pulitzer Foundation

Pee Body (1992) de Kiki Smith. Fotografía: The Pulitzer Foundation

Por su parte, Marlene Dumas recreó la pintura de Rembrandt van Rijn de una mujer en cuclillas en el acto de orinar, Pissing Woman (1631), que también había sido reimaginada antes por Pablo Picasso en La Pisseuse (1965), y no olvidemos a Gilles Berquet, quien hizo una serie de fotografías eróticas llamada The Pisser, y que unieron una vez más el erotismo con la micción.

The Pisser (2000) de Gilles Berquet. Imagen: David Zwirner Books

The Pisser (2000) de Gilles Berquet. Imagen: David Zwirner Books

Desde hace 8 siglos, el arte viene enfrentándose a los espectadores, a los críticos y a la sociedad con una infinidad de descaradas o radicales versiones de los querubines en las fuentes. Tal como lo hemos visto, con elegancia, decisión o con una actitud 100% fuck you, los artistas han recurrido repetidamente a nuestra reacción ante las funciones corporales para transgredir las normas culturales conservadoras: el cielo, o el inodoro más cercano, es el límite.

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