CLOSE
Follow 🔥
Coronavirus
¡Espera un poco!
Read and listen
Ayy, close that door, we blowin' smoke
Perspectives

Por qué no debes comparar la situación de Chile con lo que sucede en Ecuador, Venezuela o Barcelona

Protestas en Chile. Fotografía: El País
Words mor.bo

Durante los últimos meses, las protestas alrededor del mundo parecen haber alcanzado un punto álgido: los chalecos amarillos de Francia siguen demandando reformas sociales; la población de Hong Kong busca no perder sus libertades fundamentales frente a la China continental, y el pasado fin de semana, Chile se sumó a las crecientes manifestaciones alrededor del mundo luego de que el alza del transporte público pareciera haber activado un volcán de inconformidades sociales.

Desde el viernes pasado, se suscitaron tanto protestas pacíficas como otras más violentas entre la policía y los manifestantes. Las autoridades han utilizado gas lacrimógeno, cañones de agua y balas de goma, mientras que en algunos puntos se produjeron saqueos, así como incendios en supermercados y gasolineras. A pesar de los disturbios, la mayoría de las protestas que tienen lugar en todo el país han visto a civiles salir a las calles, golpeando cucharas contra las ollas de cocina en un cacerolazo, y pidiendo la renuncia de Sebastián Piñera.

Pero el aumento del pasaje es solo la punta del iceberg: la ira de los chilenos va mucho más allá: muchos sienten frustración por el creciente costo de la vida, así como por los bajos salarios y pensiones, la falta de derechos a la educación, un sistema de salud pública deficiente y una desigualdad creciente. Sumado a esto, está el hecho de que la constitución chilena implementada en 1980 bajo el régimen de Augusto Pinochet nunca ha sido cambiada y, a través de ese instrumento legal que modificó a placer antes de dejar el poder en 1990, se encargó de perpetuar las injusticias, heredándole al país el sistema político, económico y social que hoy sigue imperando.

La Constitución de 1980 preservó y garantizó el futuro de las bases ideológicas de la dictadura una vez que esta llegara a su fin: A través de las leyes, instaló una nueva cultura económica y social que consolidó el modelo neoliberal, salpicando además parte del conservadurismo ideológico a temas como los derechos de género: ¿o es que se nos olvidó que el aborto solo fue legalizado a regañadientes y con tres condiciones tan solo el año pasado, y que todavía cuesta mucho que gran parte de los médicos cumpla con la ley por “razones ideológicas”?

Pese a que en redes sociales muchos han querido comparar la situación de Chile con las protestas o los escenarios ocurridos en Ecuador, Venezuela o Barcelona, los escenarios van más allá del hilo común que los unen a través de la protesta: En Ecuador, el presidente Lenín Moreno debía lograr reducir el déficit fiscal, y por ello anunció un “plan de austeridad” auspiciado por el Fondo Monetario Internacional que, entre otras medidas, incluyó la eliminación de los subsidios a los combustibles vigentes en Ecuador desde hace cuatro décadas. Al implementarse, el galón de gasolina extra pasó de costar USD $1,85 a USD $2,30 y el diesel experimentó un incremento de más del 120% en las bombas de gasolina. Como es de esperar, esto provocó un alza en la tarifa del transporte público y protestas generalizadas de más de una semana, que obligaron a Moreno a un diálogo con la sociedad civil y una suspensión de las medidas, en buena parte gracias a la intervención de la población indígena de ese país. Luego de la suspensión de la medida, regresó la paz a Ecuador.

En Chile, es diferente: “Hay un descontento que es acumulativo y que no tiene que ver necesariamente con el precio del transporte, sino con las interacciones de la gente en su vida cotidiana, que se siente discriminada y abusada”, explica Nicolás Somma, profesor de sociología de la Universidad Católica de Chile y experto en movimientos sociales, participación política y protesta. “Lo que se generó en Chile es un efecto de contagio que hizo que muchas otras personas se sumaran. Pero las demandas pueden ser muy distintas y eso se extiende como un efecto dominó que nadie puede controlar y que no tiene un director de orquesta”.

El caso de Venezuela, pese a las similitudes, también es distinto: luego de 20 años bajo un régimen de extrema izquierda que ha ocasionado el colapso absoluto de la economía, el control de cambios y una inflación que alcanza las ocho cifras, el clamor de buena parte del país es cambiar de sistema político y económico con la salida del presidente Nicolás Maduro para buscar de alguna manera la recuperación y evitar el bloqueo económico total.

Barcelona y Cataluña, mientras tanto, buscan tener la posibilidad de elegir y convocar elecciones legales y reales en la región para conocer realmente si un proceso independentista tendría éxito, sin la intervención judicial, política y económica del gobierno central , que ha buscado por todas las formas impedir una posible secesión del territorio: de hecho, hace pocas semanas condenó a los políticos involucrados en las fallidas elecciones del 2017 a una condena total de 99 años por sedición, causando que la gente saliera a la calle a protestar pidiendo no solo su liberación, sino la posibilidad de expresar su opinión sin sufrir represión por parte de la Corona y el gobierno.

Todos son casos graves y complicados, y situaciones en donde el descontento social es el factor común: pero cultural, económica y socialmente, las cosas en cada una de las regiones se manejan de forma distinta y con diferentes soluciones en el horizonte. Lo que sí queda en claro es algo: la gente parece haber agotado la paciencia frente a la adversidad y la injusticia.

Despues de leer, ¿qué te pareció?

  • 4
    Me gustó
  • Me prendió
  • 2
    Lo amé
  • Me deprime
  • 4
    WTF!
  • Me confunde