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Ayy, close that door, we blowin' smoke
No quiero que celebren conmigo
Fotografía: Ofelia Ojeda

No quiero que celebren conmigo

Words Catalina Garcia

Nos dijeron que no. Nos dieron la espalda. Aseguraron que seríamos minoría y que esta marcha tendría un tinte ideológico. Hoy -y contra todo pronóstico- el Gobierno no ha hecho más que celebrar la labor nuestra. Vitorean con orgullo las cerca de 190 mil asistentes que la Intendencia Metropolitana cifró en esta movilización. Pero esta vuelta de chaqueta de las autoridades no significa que ahora estarán con nosotras.

Primero, Isabel Plá. “Pareciera que es una convocatoria de un sector de la oposición”, señaló en un principio la ministra de la Mujer y Equidad de Género en entrevista con T13 Radio. Error. La presencia de mujeres católicas, de principios contrarios a la despenalización del aborto, derribó el mito construido por Plá. Una joven vestida de monja se robó las cámaras. “No me dejan ser sacerdote”, acusaba la mujer en su pancarta. Si bien se trataba de una performance realizada por una estudiante de actuación, ella confesó su devoción católica y que, si bien la respeta y sigue, el feminismo le ha permitido cuestionarse la posición de la mujer dentro de la religiosidad.

Fotografía: Ofe Green

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“Masiva y pacífica marcha 8M muestra que causa por plena igualdad de derechos para mujeres convoca a mayoría de chilenas y cruza nuestra sociedad. Ayer dimos cuenta de significativos avances de una agenda desafiante, que instala esta causa en el corazón de prioridades del Gobierno”, escribió al otro día la ministra en su Twitter.

Habla de “significativos avances de una agenda desafiante”, cuando los objetores de conciencia ponen en jaque al aborto en tres causales. Cuando la cifra de femicidios dobla a la de los crímenes de esta índole cometidos el año pasado a esta fecha. Cuando las órdenes de alejamiento que debiesen resguardar a las víctimas de violencia intrafamiliar no dan ninguna seguridad a las mujeres. Sólo de ejemplo, el pasado 7 de marzo -un día antes del Día de la Mujer- un hombre entró al hospital donde se encontraba su ex esposa y la acuchilló en el rostro. El sujeto contaba con una orden de alejamiento y, a pesar de el dictamen, ingresó de todas formas al lugar.

Fotografía: Ofe Green

Fotografía: Ofe Green

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Fotografía: Ofe Green

Fotografía: Ofe Green

Fotografía: Ofe Green

Fotografía: Ofe Green

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Todo da cuenta de que la agenda no avanza. Y que queda mucho por hacer.

Ellos saben que es lo que demandamos. Fue el mismo Sebastián Piñera, en el balance de su primer año de Gobierno, quien lo dijo: “Primero, quieren y merecen tener plena y total libertad de derechos, deberes y dignidad. Y segundo, quieren tolerancia cero frente a todo tipo de violencia, de agresión, de acoso y de maltrato a la mujer”.

Pero el conflicto no está en identificar el problema. Las demandas son claras. La marea de pañuelos morados y verdes lo hicieron saber. Las tomas de colegios y universidades, los episodios de violencia de género que sufrieron personajes públicos, tal como fue el acoso que sufrió Camila Gallardo por parte de el alcalde de Puerto Varas, Ramón Bahamonde.

Lo que se le pide al presidente y a todas las autoridades, es acción. Se espera a que pasen casos como el del portal Nido o el de la extraña muerte de Silvana Garrido para que se apuren leyes y se abran debates. Y nosotras no queremos llorar a ninguna más para que la justicia falle a nuestro favor.

Fotografía: Ofe Green

Fotografía: Ofe Green

Fotografía: Ofe Green

Fotografía: Ofe Green

Este 8 de marzo fue histórico. Le tapamos la boca a los que no nos creen. Gritamos. Nos apoderamos de la Alameda. Fuimos tantas que, pasadas las 22 horas, aún había gente marchando. No sólo fue Santiago. Fueron el resto de las 15 regiones. Fueron 71 las ciudades que se movilizaron. Ni errores “involuntarios” como la transmisión equívoca por parte de Mega de imágenes de violencia que no correspondían a la marcha feminista, pudieron opacar la labor realizada por la Coordinadora 8M y muchas otras organizaciones de mujeres y disidencias.

No se cuelguen de nosotras. Celebren cuando sus políticas nos quiten el miedo y nos devuelvan nuestros derechos.

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