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Ayy, close that door, we blowin' smoke
Music Shows

Nicolas Jaar: un artista del contraste que dejó a Chile en un trance de bajos, agudos y distorsiones

Fotografía: Luis Bustamante
Words Jose Hosiasson

Con altas expectativas esperábamos la llegada de Nicolás Jaar a Chile. En cuanto fue anunciado su show live en el Teatro La Cúpula, no pasaron más de 3 días y se agotó completamente. El prolífico artista estadounidense de origen chileno entró en el radar de la electrónica con su EP Time for Us, con tan solo 20 años de edad, y después del lanzamiento de su primer LP, Space Is Only Noise, lanzó una serie de EPs que pavimentaron una de las carreras más innovadoras de la electrónica mundial, incluyendo incluso un soundtrack no oficial para The Color of Pomegranates, una película soviética, titulado convenientemente Pomegranates.

En septiembre lanzó su último LP, Sirens, aclamado por la crítica como uno de los mejores discos del año. Con Sirens bajo el brazo aterriza en su país de origen, casi seis años después de su debut en nuestro país en el festival Mutek (Club La Feria) en formato DJ set.

Nicoas Jaar en Chile

Erlend Øye en el concierto de Nicolas Jaar. Fotografía: Luis Bustamante

El ambiente en el Teatro La Cúpula fue un reflejo del hype que ha generado su visita. El público fue diverso y llenó cada rincón del lugar. A diferencia de la mayoría de esta clase de eventos, esta vez no hubo marcas involucradas. El precalentamiento de la pista estuvo a cargo de Aurelius98 y Más569 del sello Cazería Cazador (CZCZ), el sello chileno favorito de Jaar, quién pidió expresamente a la producción que participaran. El set de CZCZ se extendió una media hora de más, dejando espacio para quienes venían con retraso. El aprovechamiento que hicieron del espectro sonoro fue sobresaliente: muchas texturas y sutiles percusiones electrónicas sonaron al son de un kick que hizo vibrar La Cúpula, dejando la pista lista para la llegada del artista principal.

Nicoas Jaar en Chile

Fotografía: Luis Bustamante

En la espera se logró apreciar el escenario que ocuparía el músico: una estación de atriles en las que se rodea por sus equipos, un Macbook Pro, un sintetizador análogo Korg, un teclado Prophet 6, un saxofón, entre otros juguetes que no logramos distinguir con precisión. Su estación está cercada por pilares de mecano con iluminación diversa, algunos focos cálidos, unas luces estroboscópicas y unos flashes enormes a ras de suelo. Llama la atención un par de roadies que están en la oscuridad del escenario que ocupará Jaar cargando muchos litros de líquido para las máquinas de humo. El humo tiene algo que ver con el halo de misterio que Nicolás genera en sus shows.

La señal inequívoca de haría su entrada fue cuando todas las luces del lugar se apagaron, salvo una luz fría que revela la silueta de Jaar entremedio del humo. La estética de misterio se completó cuando comenzó a sonar el oscuro sonido distorsionado de Killing Time. Si los chicos de CZCZ tienen talento conformando texturas sonoras, Nicolás Jaar nos dio una lección combinando instrumentos acústicos y electrónicos, junto a detalles de foley y distorsiones electrónicas. Llegó un momento en que tomó su saxo, haciéndolo chillar entremedio del oscuro sonido, reverb a tope.

Nicoas Jaar en Chile

Fotografía: Luis Bustamante

Transcurridos exactos 10 minutos, las luces se tornaron cálidas y comenzó No. El público celebró el single más destacado de Sirens, que se distingue del resto por su ritmo latino, samples de cuerdas y su letra cargada de crítica política hacia el Chile de la transición que nunca acaba. Luego hizo una pasada por varios puntos de su prolífica carrera, de los que destacó Time For Us, uno de mis temas favoritos, además de la colérica versión de Three Sizes Of Nazareth.

Una de las muchas cosas que destaco de Nicolás Jaar como artista es la facilidad con que usa el contraste. En su trabajo siempre ha estado presente el contraste entre bajos y agudos, entre tempos rígidos y sincopados, entre orden y caos, entre planificación y azar, entre lo electrónico y lo orgánico, lo digital y lo análogo. Es un artista del contraste, que incluso se manifestó visualmente entre la luz y oscuridad presentes en el escenario.

Nicoas Jaar en Chile

Fotografía: Luis Bustamante

Después de más de una hora de show, en la etapa en que toca Space Is Only Noise, llegó un momento en el que usó un sample de una voz con acento británico, que anunciaba cifras de millones de dólares en aumento. Es como si, de alguna manera, se estuviera subastando ante una audiencia en trance. Y así es como se despidió del escenario, llegando a los 87 millones de dólares, entre aplausos y gritos destemplados.

Su encore comenzó lentamente con un edit de Mi Viejo, de Piero, cambiando radicalmente el tono del show, generando un ambiente nostálgico e íntimo. La transición que hizo desde ahí hasta los 120bpm fue notable, de un segundo a otro nos encontramos arriba como si nada, con la elegancia que caracteriza a Nico. Ya acercándonos al final de su presentación no podía faltar su mayor éxito, Mi Mujer. Bastaba con que apareciera instrumentalmente para que el público llegara a su máximo de energía, bailando como si nada con el calor que hacía dentro de esa Cúpula saturada de humanidad. Culminó su presentación bien arriba dando el salto a El Bandido, sellando una presentación impecable, y dejando claro, para quién dudaba, el porqué del hype que lo rodea.

Termina así una noche que será recordada por mucho tiempo. Esperamos que esta vez no se tome tantos años en volver.

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