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Riot

Yungblud, el punk-rocker británico que hace canciones de protesta en clave hip-hop y EDM

MOR.BO RIOT: Yungblud, el punk-rocker británico que hace canciones de protesta en clave de hip-hop y EDM
Yungblud. Fotografía: Instagram
Words mor.bo

A primera vista, Yungblud tiene todo el aspecto de ser un tipo salvaje: su cabello suele apuntar en todas direcciones, sus pálidos ojos azules casi siempre están marcados con delineador negro, y sus labios tienen por lo general algún rastro de rojo carmesí, ya sea de pintura o de sangre. La primera vez que lanzó un tema, se dijo a sí mismo que debía reflejar como fuera su identidad como artista, y así nació King Charles, una canción de protesta para el siglo 21, que en apenas dos minutos y medio se descarga contra el sistema en un crossover de rock indie y hip-hop. Desde entonces, no ha habido quien lo silencie.

Nacido como Dominic Harrison y originario de la ciudad inglesa de Doncaster, al sur de Yorkshire, el artista que hoy se conoce como Yungblud se crió en una familia musical: su padre era un comerciante de guitarras vintage y su abuelo tocaba con T. Rex. Influenciado por Bob Dylan, The Clash y The Beatles, tocaba la guitarra y cantaba desde muy joven, sentía que su pequeño pueblo en donde no sucedía mucho no era el lugar para lograr sus ambiciones.

Yungblud cuenta con descaro que descubrió el arte de la rebelión a una edad temprana, conmovido por la música de N.W.A., Eminem y Kendrick Lamar, además de Arctic Monkeys, Oasis, The Rolling Stones y sus contemporáneos de Sheffield, Bring Me The Horizon. “Lo que pasa con esos artistas es que dijeron lo que pensaban y trataron de mover la aguja en la cultura, no sólo en la música, y creo que ese tipo de cosas, desde muy temprano, me dieron la visión de ser rebelde y decir lo que yo pensaba. Si pensaba que algo andaba mal, lo decía; si pensaba que alguien estaba haciendo algo mal, lo decía. En la escuela, algunos de mis profesores no me querían, pero otros me adoraban. Fue gracioso. Era un poco imbécil”, admite.

A los 18 años se mudó a Londres, aterrado, pero listo a descubrir quién era realmente sin el cuidado ni el control de sus padres: allí consumió drogas por primera vez, descubrió su sexualidad fluida, y se dio cuenta de que lo que quería, era hablarle a dos generaciones cansadas de vivir en la mierda: los millennials y la Gen Z.

“Vine a Londres para liberarme, para poder pintarme las uñas, para follar, para probar sexo con un chico, para probarlo todo, para cumplir mis fantasías y descubrir quién soy. En última instancia, fue un viaje masivo para sentirme cómodo conmigo mismo”.

Aunque su aspecto está entre el punk old school y el encanto de los raperos mumble de SoundCloud como el fallecido Lil Peep, su sonido se ubica entre Arctic Monkeys, Jamie T y Rat Boy, salpicado de hip hop y EDM. Dice que más que identificarse con un género, busca sonidos que haga que sus letras tengan más impacto. Sin embargo, sus canciones suenan resplandecientes, nítidas y listas para la radio, uniendo lo mejor de ambos mundos como si fuese el hijo rebelde de Twenty One Pilots.

Luego de firmar con la disquera Geffen, el año pasado lanzó un primer EP y su debut de larga duración, 21st Century Liability, en donde habla de temas como sus problemas de síndrome de déficit de atención, de salud mental, de identidad, y de la depresión y ansiedad que siente al igual que todos sus fans. “No se trata de decirle a la gente lo que debe pensar, es empoderarlos para que encuentren la felicidad dentro de sí mismos”, explica.

“Si sientes que todos a tu alrededor son mejores que tú, entonces ponte los malditos audífonos y mira dentro de ti”, dice. “Mis fans me preguntan cómo me siento tan confiado, pero son ellos los que me dan la confianza, y siempre necesitaré recordar eso. in ellos, no soy nada. No soy un puto ángel, sólo que tengo una boca más grande que la mayoría de la gente”.

Este año, Yungblud regresó con Loner y 11 Minutes, este último en colaboración con Halsey (con quien sale desde el año pasado) y Travis Barker. Las dos canciones son muy diferentes: la primera es un himno inspirado en Oasis, mientras que la segunda, dice, “es el sonido de la música alternativa en 2019”. En los últimos meses ha estado de gira y haciendo planes musicales para el 2020, pero sobre todo, hablando de cómo el género, tanto en la sociedad como en la música, está muerto.

“Fuimos criados con valores que ya son ridículos: las mujeres usan vestidos, los hombres ven las curvas de las mujeres, y pueden hacer bebés. La civilización occidental pone a las mujeres en vestidos y a los hombres en pantalones. Antes de eso, en la Edad Media, todos los tipos llevaban un vestido. Me despierto un día y quiero lucir femenino, y al día siguiente me despierto y salgo de la casa con un polo de Fred Perry con pinta de que te voy a dar una paliza. Seré Anita de West Side Story y de repente me transformaré en Liam Gallagher”.

En un mundo que parece estar retrocediendo más hacia valores tradicionales extremos con cada elección global que pasa, Yungblud parece poner sobre sus hombros la responsabilidad de ser el renegado musical que irrumpe el ominoso avance del conservadurismo cultural con un fuck you.

“Solo digo lo que pienso”, dice. “No le digo a la gente lo que debe pensar; solo digo que esto es lo que pienso y que puedes decir lo que TÚ piensas, y si un número suficiente de nosotros decimos lo que pensamos y votamos, así es como no nos ignoran. Hay tanta música que voy a lanzar pronto, que, para mí, necesita tener un mensaje. De eso se trata Yungblud. Tiene que ser algo real y relevante”.

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