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Kacey Musgraves, la artista alt-country que crea bangers con LSD y sintetizadores

Kacey Musgraves. Fotografía: Kacey Musgraves/Instagram
Words mor.bo

Muchos podrían decir que Kacey Musgraves es una artista sin un hogar musical definido. Aunque es una cantante de música country originaria de Texas (según su cuenta de Instagram, es experta en el arte del yeehaw desde 1988, año en el que nació), sus cualidades son de estrella pop, algo que le sienta muy bien en una era musical donde las limitaciones del género se desintegran y desaparecen rápidamente: Ariana Grande juega con trap; Halsey con el R&B; Lil Uzi Vert con el rock emo.

Aún así, Kacey no suena mucho en la radio country de su país, compuesta principalmente por hombres de mediana edad con camisas a cuadros, canturreando sobre chicas en blue jeans y Cadillacs. A pesar de no contar con el apoyo que se merece, esta década se ha caracterizado por el ascenso de las cantautoras, y Musgraves es uno de esos nombres. La fluidez de su música y la capacidad de sus temas para integrar a la perfección las características del pop y del country, la han convertido en la última obsesión de Internet. Su último álbum, Golden Hour, ganó cuatro premios Grammy, incluyendo Álbum del Año.

Sin embargo, esa no fue su primera ceremonia: en los Grammy de 2014, fue nominada para cuatro premios, incluyendo Mejor Nuevo Artista y Mejor Álbum Country por su debut, Same Trailer Different Park, con el que logró vencer a artistas establecidos del género como Taylor Swift y Blake Shelton. En ese disco está lo que probablemente sea su canción característica, Follow Your Arrow, donde insta a los oyentes a “seguir su flecha, a donde sea que apunte”, lo que equivale “besar a muchos chicos / o a muchas chicas / si eso es lo que te gusta”. A pesar de su sonido country de guitarra, teñido con una guitarra de acero, Musgraves no está estancada en el pasado y subvierte la imagen conservadora y regresiva del país de una manera que aún se siente auténtica.

Musgraves nació en Golden, Texas, una ciudad que surgió de un aserradero. Sus padres tienen una tienda de diseño gráfico, y cuando era niña, cantaba western swing los sábados por la noche en salas de conciertos en todo Texas, vestida con botas y diamantes de imitación. Era una niña normal de los años 90 que escuchaba a las Spice Girls y a los Backstreet Boys, pero con Shania Twain y Sheryl Crow en su Walkman también, había, según ella, una “plétora de perspectiva femenina” en su vida.

“La música country es un género tan icónico… son canciones para gente trabajadora, canciones para personas con el corazón roto. Siento que no estoy haciendo nada diferente. Solo estoy manteniendo la tradición con un punto de vista distinto. Me encanta la música country; mi corazón está allí. Pero eso no quiere decir que la música funcione así; dejándome metida en una caja de la que no pueda salir para complacer a todos”.

Luego de pasar una época un tanto oscura en su vida (“me la pasaba en casa fumando weed y comiendo helado frente al televisor, pensando que no merecía ser amada porque era una persona muy difícil”), conoció a su actual esposo, el también cantante Ruston Kelly.

Hasta ese momento, nunca había escrito canciones de amor, pero todo eso cambió con Golden Hour, que de alguna manera celebra los momentos de felicidad y de luz cuando el mundo se destruye a tu alrededor. Buena parte del álbum tuvo como inspiración sesiones de microdosis de LSD que Musgraves hace de vez en cuando para centrarse y ponerse en contacto íntimo consigo misma y con el universo.

“No necesito ser una vocera de nada, y lo que funciona para mí puede no funcionar para otra persona. Pero me hace feliz ver que las personas reciben ayuda y se curan con sustancias con LSD o marihuana. Si no hubiera tanta propaganda en su contra sin ninguna razón, ambas probablemente salvarían muchas vidas”.

En Golden Hour, la fantasía technicolor que Kacey construye es su trabajo más atrevido y creativo hasta el momento, en el que abrazó nuevos sonidos, géneros y colaboradores. En el disco, reflexiona sobre los fines de semana solitarios, canta con franqueza en una balada de piano sobre la ausencia de su madre y se maravilla ante la belleza del mundo natural que la rodea. Hay un montón de beats disco en High Horse; Oh, What A World parece un lado b de Tame Impala, y Velvet Elvis es un jam 100% pop, pero durante sus 13 temas, Musgrave permanece tranquila y segura de sí misma.

En una industria donde las voces y el estilo musical de las artistas femeninas son cada vez más pulidas y manipuladas cada día, este giro suave e introspectivo es un testimonio de que la música siempre es capaz de sorprendernos.

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