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Riot

Angel Olsen, la indie queen que crea himnos vulnerables y épicos con sensibilidad folk rock

MOR.BO RIOT: Angel Olsen, la indie queen que crea himnos vulnerables y épicos con sensibilidad folk rock
Angel Olsen. Fotografía: Press
Words Mirangie Alayon

Angel Olsen es una indie queen de culto: comenzó siendo una goth que cantaba temas tristes, para luego desarrollarse en los géneros indie folk, garage, rock indie y hasta un poco de synth pop. Está en la misma categoría de Sharon Van Etten, no solo por su talento, sino por ser una de esas cantautoras honestas de hermosa voz que canta temas que se sienten en el corazón (y a veces en la espalda) como un puñal envenenado.

Olsen nació en St. Louis, Missouri, el 22 de enero de 1987, y luego fue adoptada cuando era una niña pequeña. Sus padres adoptivos eran asistentes de enfermería, y creció en una casa victoriana en el pequeño suburbio de Maplewood como la menor de ocho hijos (muchos de los cuales ya eran adultos con sus propias familias y hogares cuando Angel llegó a casa). Eran pobres, su hogar era un “ambiente bastante extraño, pero yo era tan amada y cuidada que a veces se me olvida que fui adoptada”.

Comenzó a cantar y experimentar con una grabadora cuando tenía 10 años, y para cuando se convirtió en adolescente, Angel era una goth bastante familiarizada con la escena musical de su ciudad, por lo que comenzó a actuar en cafeterías.

Pronto se expandió como artista y se conectó con una red de músicos de ideas afines, lo que hizo que se mudara a Chicago en 2006, trabajando con el músico californiano Emmett Kelly como parte de su colectivo The Cairo Gang, y cantando armonías en un par de álbumes de Bonnie “Prince” Billy: The Wonder Show of the World de 2010, y Wolfroy Goes to Town de 2011. Fue justamente él quien la impulsó a lanzarse como solista, y Olsen lanzó su propio conjunto de canciones originales de guitarra acústica en el EP Strange Cacti de 2010.

Dos años más tarde, amplió ese bosquejo en bruto y presentó su primer álbum, Half Way Home, una colección más completa de canciones que la vieron cantar sobre la muerte y desaparecer con una intimidad que se sentía urgente. Los críticos se dieron cuenta, y muy pronto, estaba de gira por los EE.UU. y Europa gracias a canciones íntimas y vulnerables que parecían haber tocado una fibra en quienes la escuchaban, pues mucha gente se acercaba a ella a decirle que su mezcla peculiar de indie folk los hacía llorar. Hace poco conversamos con Olsen telefónicamente, y nos dijo que aunque antes le molestaba, ya está acostumbrada a ese tipo de feedback.

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“Con el tiempo acepté que la gente va a sentir lo que siente y no hay nada que pueda hacer al respecto. Es parte del proceso, y es bueno que la gente llore, ¿sabes? Llorar es bueno. Amo a ver los hombres llorar (risas)”.

Y no es de extrañar. Desde sus primeros álbumes, Angel Olsen ha sabido exprimir el drama de sus relaciones con sus compañeros físicamente presentes pero psicológicamente ausentes. A través de su catálogo, la cantante y compositora canta con franqueza acerca de permanecer con estas parejas a pesar de reconocer sus horribles cualidades. Su fascinación por esta dinámica demente, además de su inconfundible y llamativo vibrato, une sus canciones a través de múltiples géneros, desde el inquietante lo-fi folk, pasando por el el rock ardiente de Burn Your Fire For No Witness y My Woman.

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“Aunque sienta que estoy revelando bastante en mis canciones (y lo hago) y que siempre deje un trocito de mí misma en los temas, me siento segura de que quienes los escuchan los interpretan como quieran, y eso me gusta. Cuando escribo, hablo de algo personal, específico, pero una vez que mis canciones salen a la luz, dejan de ser mías en cuanto a ese significado y terminan siendo algo distinto para cada persona. Y eso me hace sentir segura en cuanto a compartir lo que siento, porque nadie en el mundo va a interpretar mis canciones con el significado que yo les doy”.

Burn Your Fire for No Witness fue publicado en el 2014 con el sello independiente Jagjaguwar en 2014, y fue el disco que la elevó a un estatus de culto gracias a temas como Unfucktheworld, donde su desenfrenado vibrato esboza el tema general del proyecto: una bulliciosa y salvaje oda a la autosuficiencia desafiante, una que podía convertir la soledad en algo deseable. En 2016, lanzó MY WOMAN, que sugería una evolución estilística con sus canciones de corazón roto que sonaban más pop con sintetizadores envolventes.

Como buena cantautora, pone parte de sus experiencias personales y de sus traumas en su música. Cuando tenía 16 años, un amigo que había sido diagnosticado con esquizofrenia, murió. Había tomado un poco de LSD y luego de eso se autodestruyó. “Era como ver a alguien morir lentamente, en incrementos”, dice. “Eso es peor en algunos aspectos, porque uno se obsesiona con tratar de arreglarlos. Realmente pensé que haría algo en el área de las enfermedades mentales, ir a la escuela para ayudar a la gente con eso. Pero luego me enamoré de la música”.

Ahora habla de relaciones rotas y romances fallidos sin perder el optimismo: hace pocos años se mudó de Chicago a Carolina del Norte siguiendo a alguien de quien se había enamorado y aunque la relación no funcionó, se quedó en el lugar. Al finalizar su gira MY WOMAN, paso por un “divorcio” sin estar casada, y esa separación la invitó a reevaluarse y cerrar ciclos.

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“Tuve la necesidad de revisitar mi material más antiguo y me fui de tour alrededor del mundo, y así, de la nada, comencé a escribir un poco. Estoy tan acostumbrada a estar y tocar con una banda y a hacer todo en esa estructura que quise ponerme en contacto conmigo misma, yo sola. Tengo la tendencia de cerrar un capítulo en mi vida con cada álbum, así que creo que me volvió a pasar de nuevo con este disco. Cuando puedes articular algo es que finalmente lo estás superando. Cómo te sentías, lo que vivías en un momento particular de tu vida… así que articularlo es poder avanzar y dejarlo atrás. Así que las cosas en las que pienso, las cosas que siento y las que me obsesionan hasta cierto punto… las dejo ir cuando las escribo”.

La semana pasada, Olsen demostró que todavía trata con malas parejas en su cuarto álbum, All Mirrors, pero esta vez, busca escaparse de su destrucción y encuentra no solo la felicidad, sino la catarsis. Narra su viaje junto a una orquesta de 14 músicos, con la colaboración de Ben Babbitt y el director de orquesta Jherek Bischoff (y la coproducción del siempre ocupado John Congleton, que también coprodujo Burn Your Fire For No Witness).

En su nuevo trabajo, Olsen se aferra a los violines, violas y violonchelos, que elevan su oscuro y a menudo sintetizado rock a alturas extraordinarias, haciendo de All Mirrors uno de sus mejores álbumes hasta la fecha. La artista describe el álbum como una producción “sobre la pérdida de empatía, confianza y amor por las personas destructivas”. A lo largo del LP, se enfrenta a un compañero destructivo y tóxico que la rechaza cuando no coincide con su imagen idealizada y falsamente fundamentada de ella. Hizo dos versiones: una con ella sola junto a una guitarra, y la que estrenó el pasado 4 de octubre, una producción épica y cinematográfica.

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“Creo que quería hacer algo diferente, y me encontré con que las canciones necesitaban algo más que un sonido rock n’ roll, así que me aventuré con los arreglos de cuerdas, y todo vino construyéndose con este sonido épico que se volvió más y más profundo. Primero hice la versión solista porque quería una versión de las canciones completas antes de que cambiaran. Quería ver cómo las colaboraciones cambiaban las canciones, y siempre quiero tener una versión de los temas en su concepción original, ¿sabes?”

El video de uno de los primeros singles, Lark, es prácticamente una película épica: hay movimientos de cámara increíbles, grito, llantos, paisajes y emoción. Es casi un mantra épico dedicado a una relación rota, y la experiencia fue intensa para Olsen, quien nos contó que durante el rodaje, todo el equipo se quedó en su casa para mantener el ímpetu de lo que querían lograr. “Tuve que moverme mucho y ajustarme a lo que pasaba a mi alrededor durante la filmación: lloré mucho, grité mucho para que pudiera hacerle justicia al resto de los visuales y lo épico que se veía todo”, dice. “Pero fue algo realmente especial, filmábamos durante el día y pasábamos el rato en la noche, conversando y evaluando lo que habíamos hecho. Fue una experiencia muy hermosa. La directora Ashley Connor, que es mi amiga, me mostraba lo que íbamos haciendo para asegurarnos de que íbamos en la dirección correcta, y fue muy agradable trabajar con gente así”.

Luego del estreno de su álbum, Angel se prepara para una extensa gira, y para llevar sus canciones a dimensiones distintas en vivo para su público, pues no contará con la misma orquesta para interpretarlas. Sin embargo, el reto no la intimida, ya que una buena canción siempre suena bien ya sea a cappella o con 100 músicos. Para Olsen, lo importante es esa conexión con el público, aunque las cosas terminen en lágrimas. “La música es algo maravilloso para hacer en la vida”, dice. “Pero te jode un poco la psiquis. Así que tengo que reírme de mí misma por estar triste y deprimida a veces, y hay que recordarle a los oyentes que es bueno hacer los mismo”.

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