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Perspectives

La ultraderecha vuelve a Alemania con violentos disturbios para “cazar extranjeros”

Parte de las protestas de ultraderecha de esta semana en la que grupos violentos pedían detener "la inundación de asilo". Fotografía: AFP
Words mor.bo

La semana pasada, la ciudad alemana de Chemnitz, al este del país, celebraba une velada normal con un festejo de su cumpleaños número 875 con una fiesta callejera, que debido en parte al consumo del alcohol y a ánimos exacerbados, terminó en una pelea de la que salieron tres hombres heridos. Uno de ellos, un cubano-alemán de 35 años solo identificado como Daniel H. por las autoridades, falleció en el enfrentamiento.

A partir de entonces, la temperatura de la xenofobia y el racismo en la ciudad comenzó a elevarse a niveles preocupantes gracias a los rumores sobre los presuntos asesinos del hombre, un sirio y un iraquí que se especula entraron a Alemania gracias a su programa de asilo a inmigrantes.

El fin de semana, los rumores se convirtieron en una mezcla explosiva cuando un grupo violento de extrema derecha llamado Pro Chemnitz, convocó en Facebook a sus “simpatizantes y seguidores” a mostrar “quién mandaba realmente en la ciudad”. Según los reportes, unas 800 personas atendieron el llamado, y pronto comenzaron a atacar o a perseguir a quienes consideraban extranjeros, o a personas que a primera vista “no parecieran alemanas”. Es decir, a todas las personas que no tuvieran tez blanca.

Pero eso fue el inicio de la ofensiva: el lunes, miles de personas se reunieron una vez más en el centro de Chemnitz, pero ahora en dos manifestaciones opuestas: la convocada por la organización de extrema derecha Pro Chemnitz, a la que fueron unas 6.000 personas, y la organizada por la izquierda, a la que asistieron unas 1.500 personas. Como se imaginan, las cosas terminaron en una confrontación violenta, innumerables saludos de Hitler, y al menos 18 manifestantes de ambos bandos y dos policías resultaron heridos.

¿La respuesta del gobierno de Merkel? “No toleramos esas reuniones ilegales ni la persecución de personas que se ven diferentes o tienen orígenes diferentes y que intentan expandir el odio en las calles”, dijo el portavoz de la primera ministra, Steffen Seibert. “Esto no tiene cabida en nuestras ciudades y nosotros, como gobierno alemán, lo condenamos en los términos más enérgicos. Nuestro mensaje fundamental para Chemnitz y el resto del país es que no hay lugar en Alemania para justicieros, para los grupos que quieren diseminar el odio las calles, para la intolerancia y el extremismo”.

Pero las cosas están cada vez más complicadas: hoy se filtró a través del grupo Pro Chemnitz una orden de arresto verdadera de la policía de la ciudad, quienes tenían pensado detener a algunos líderes del movimiento de extrema derecha, dando a entender que las mismas autoridades están infiltradas por miembros del grupo. Esto se une a las sospechas de vínculos entre la fuerza policial y el partido antiinmigrante Alternative für Deutschland, así como el movimiento de protesta Pegida, lo que ha llevado a un uso creciente del apodo Pegizei para describir a la policía.

Al parecer los grupos extremistas piensan seguir calentando las calles: ya hay otra manifestación convocada para el día jueves, y aunque la policía ha dicho que se encuentra preparada para enfrentarse a ellos, después de la filtración, muchos se sienten inseguros en una ciudad en la que en cualquier momento es posible ser atacados por personas violentas que gritan “un muerto extranjero por cada muerto alemán”, un cántico que se escuchaba con frecuencia en el régimen de Hitler.

Sin duda esto es un llamado de atención no solo para el gobierno de Angela Merkel, sino al resto de Europa y el mundo. ¿Estamos dispuestos a enfrentar a una nueva y peligrosa escalada del fascismo?

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