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Music

James Blake comparte ensayo sobre la depresión: “Me hacía preguntas como, ¿cuál es el sentido de mi vida?”

James Blake. Fotografía: Instagram
Words mor.bo

El músico británico James Blake nunca ha sido ajeno a hablar abiertamente sobre su lucha contra la depresión y la ruptura del estigma en torno a la salud mental: el año pasado, en un simposio de la Performing Arts Medicine Association, conversó acerca del peligro del mito que rezaba que había que estar deprimido o ansioso para ser creativo, y de cómo las enfermedades mentales destruían el proceso creativo sus colegas.

En ese entonces, aludió a la muerte de Avicii, diciendo que los artistas tienen la responsabilidad de hablar de salud mental y eliminar el estigma. “Somos la generación que ha visto a otras generaciones de músicos volverse drogadictos y recurrir a los excesos y mecanismos de adaptación que los han destruido. Y hay mucha gente de alto perfil que se ha quitado la vida”.

Ahora, Blake se expandió más acerca de la idea en un nuevo y poderoso ensayo titulado How Can I Complain?, que forma parte del libro It’s Not Ok To Feel Blue (And Other Lies), una colección de escritos sobre la salud mental curados por Scarlett Curtis y publicado próximamente por Penguin Books, en donde figuras como Emilia Clarke, Emma Thompson, Naomi Campbell y más comparten sus experiencias sobre la salud mental.

El artículo comienza con James Blake discutiendo su renuencia a hablar sobre sus batallas de salud mental, “Es especialmente fácil burlarse de la idea de que un hombre blanco pueda estar deprimido. Lo he hecho yo mismo, como un hombre blanco heterosexual que estaba deprimido. De hecho, todavía tengo la vergüenza de haber sido un hombre blanco heterosexual que está deprimido y ha experimentado pensamientos suicidas. Y aún así, cuando lo discuto con la mayoría de la gente, voy a restarle importancia a lo desesperadamente triste que he estado; en vez de eso, enfatizo lo mucho más feliz que estoy ahora. Enfatizo el trabajo que tuve que hacer para llegar a un lugar mejor, y cómo fue un trabajo duro y fructífero, y cómo me empoderé al hacerlo”.

Blake continúa hablando de su infancia, y revela que “pasé miles de horas caminando solo con los auriculares puestos”, y que “rara vez” salía a socializar. El músico también escribió que “se preguntaba durante años si tenía algún trastorno de conducta”, y añade que sentía que “tenía la sensibilidad de una mujer pero en el cuerpo de un hombre”. Blake también se abrió sobre su historia sexual y revela que permaneció virgen hasta los 22 años, porque era torpe e incapaz de ser natural con las mujeres”.

“Tenía miedo de la vulnerabilidad del sexo después de tantos intentos embarazosos. (La canción Assume Form trata, en parte, de encontrar la habilidad de sentirse seguro durante la intimidad.) Me pareció que había necesitado mi éxito como DJ para que las mujeres me persiguieran, y luego desconfié de ellas por su repentino y transparente interés, así que las aparté a todas. Poco a poco la cara de cada mujer se transformó en la de las chicas que sentí que me habían traicionado y humillado. Y el rostro de cada hombre se convirtió en un abusador que me subestimaba e intentaba matar mi espíritu”.

Su ensayo pasa a hablar de su salud mental cuando su carrera musical despegó. Blake escribe: “Me volví tan obsesivo y aislado que no era el éxito que parecía ser en el papel. Y así el abismo creció entre mi alias, el tipo con la mejor música nueva de Pitchfork con 8.0+, con la carrera inflexible y floreciente, que parecía tener el control de todo, y el hombre-niño que durante muchos años estuvo sufriendo, en espiral, nunca saliendo de casa, consumiéndose en una prisión del ego, negándose a colaborar, dejándose sangrar financieramente y que dejaba que sus amigos y su familia extendida se aprovecharan de él, jugando a videojuegos y fumando weed 14 horas al día y no cuidándose a sí mismo hasta que se encontraba en una depresión negra, experimentando ataques de pánico diarios, alucinaciones y una crisis existencial”. El polifacético músico también revela que tenía pensamientos suicidas.

“Me hacía preguntas como “¿Cuál es el sentido de mi vida? Me asusté de la creciente niebla de guerra fuera de mi casa porque sabía lo que la gente esperaba de mí si entraba en ella: una interacción normal y, aún más imposible, un nuevo álbum”.

Blake también destaca su lucha para discutir sus batallas de salud mental: “He entrado en un poco de detalle aquí no para hacer que nadie sienta pena por mí, sino para mostrar cómo un hombre blanco privilegiado, relativamente rico y famoso, lo suficiente para tener ningún dolor, podría deprimirse, en contra de todas las expectativas y concesiones de la sociedad. Si puedo escribir esto, es evidente que no es solo la opresión lo que causa la depresión; para mi fue en gran medida la represión. Todavía no estoy seguro de creer plenamente que tengo derecho a estar deprimido o triste, porque soy blanco y cisgénero y hombre, y la vida para gente como yo es sin duda la más fácil de cualquier grupo. Pero mi privilegio no me hizo querer seguir, y me hace sentir aún más avergonzado por haberme dejado caer tan bajo”.

El artista también habla de por qué tantos hombres como él parecen sentirse atraídos hacia la extrema derecha. “Es peligroso que nos hagan sentir que podemos hacer cualquier cosa, que podemos ser cualquier cosa, que podemos entender a la mujer como un recurso más que como una lección de empatía y amor, y luego encontrar en todo nuestro fervor capitalista y egoísta, que hemos descuidado cuidar de ese otro músculo que permite nuestra supervivencia: la mente. Me sentí como Donald Trump, empezando con 413 millones de dólares y terminando en bancarrota y mintiendo sobre mis registros de impuestos. Tal vez entonces no es ninguna sorpresa que tantos hombres blancos descontentos se identifiquen tan profundamente con él (quiero destacar que yo absolutamente no lo hago). Eso y nuestro amor compartido de hacer lo que queramos y decir lo que queramos sin consecuencias para nosotros mismos”.

El británico cierra el ensayo diciendo que todo el mundo tiene derecho al dolor, no importa cuán perceptible o relativamente pequeño sea ese dolor. “No quiero que la vergüenza en torno a la depresión y la ansiedad en las personas privilegiadas empeore más de lo que lo quiero para los marginados. Porque al no tratar ese dolor terminamos con más hombres ególatras blancos cisgénero que sangran su mierda sobre todo el mundo (y algunos de ellos escribirán álbumes sobre ello)”.

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