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Art Photography Q/A

Gag-Ball solo exhibition: nuestro morbo hará historia

Cortesía Gag-Ball
Words Dano Mozó

HDA – Historia del Arte, es el nombre que lleva por título la primera exposición de Sebastián Gherrë, fotógrafo innato que durante años ha capturado situaciones y encuentros que buscan exponer la intimidad más ruda del universo gay chileno, en distintos formatos de tecnología análoga. Luego de años de exhibición digital, este es el momento en que se da el primer paso hacia el planteamiento de este cuerpo de obra como un nuevo paradigma del Arte Contemporáneo nacional, al ser escogido por la Galería AFA (galería organizadora de la feria Ch.ACO) para incluirlo dentro de su programa entre julio y septiembre.

Precisamente el título de esta exposición es lo que plantea una nueva discusión, apelando a la Historia como concepto clave que hemos adoptado como el hilo conductor para mostrar una larga conversación que tuvimos con Ball, días previos a la inauguración.

Uno. Está contando una Historia.

La muestra en sí es el relato de una parte de la vida de Sebastián. Tal como Gherrë lo dice, es “la vida sexual de una persona registrada de la forma más natural posible, un ejercicio espontáneo”. Y atribuye esta espontaneidad y el origen del registro de esta fascinación a su paso por el Teatro Municipal de Santiago, donde estudió ballet a medida que llegaba a la pubertad y se empezaban a despertar sus instintos en un contexto de belleza y perfección.

“Siempre estuve rodeado de cuerpos masculinos, tipos casi Adonis griegos de perfección ligada a la belleza, al movimiento, a esta película que se vive todo el tiempo, con reflejos en los espejos que trae una cosa casi adicta o narcisista de estarse mirando y girando para mejorar la técnica, y que tiene que ver con una disciplina de querer llegar a un punto máximo. Todo este rato comprimido en esta malla y el otro huevón que también es gay te mira y te encuentra rico y se te nota el pico y lo intentas disimular. Los veía y no sabía que pasaba dentro de mí.”

Silver Boy, cortesía Gag-Ball

Silver Boy, cortesía Gag-Ball

La búsqueda de esa belleza y su aprendizaje se remite a la manera autodidacta con que ha aprendido la técnica. Todas las fotos del principio son de 35 mm porque no sabía hacer otra. Tampoco nada digital porque no tenía el dinero para financiarlo, entonces utilizaba la cámara que estaba en su casa, de rollo que podía enviar a revelar. Cuando quiso profundizar en la técnica del análogo, aprendió a trabajar con placas de 4×5 leyendo el manual que se compró en el Persa Biobío. De esta manera abrió las posibilidades de las capturas con que podía ir retratando cada situación que se presentaba ante él, que incluye retratos de niños, de flores, de animales, de elementos, y también los encuentros sexuales, que en composiciones de nostalgia renacentista, conforman el motivo de esta exhibición.

“Al principio yo no tenía ninguna referencia, porque ni siquiera entendía la foto como arte. Para mí el arte era el teatro, la danza, la pintura, la escultura, lo old master. Todo lo contemporáneo era estúpido porque no lo podía entender. Para mí la foto era como una selfie, y eso lo haces porque te gusta, no porque estás pensando en que es una obra. Solo estaba tomando una foto con un equivalente a un celular, pero prehistórico. Y siempre empecé a tomar fotos sexuales porque me parecía que era la forma más divertida de usar la cámara. Usaba la cámara para divertirme y cuando chico eso lo lograba teniendo sexo, buscándome a mí mismo con hombres, que era tan tabú en mi familia.”

Autorretrato, cortesía Gag-Ball

Autorretrato, cortesía Gag-Ball

Dos. En cada fotografía hay una Historia.

Las imágenes que aparecen en el papel son el paso final de un proceso fortuito, nunca una creación premeditada. El encuentro es el impulso de la narración, porque no se planifica su desarrollo, y afirma que el día en que se proponga hacer algo, esto será una fantasía que se convertirá en pretensión, y se notará, dejará de ser honesto.

Lo que sí ha creado Sebastián es un imaginario en torno a este registro, fetichizando estas situaciones con conceptos que provocan la participación de sus modelos y espectadores. El primero fue el Tommy Boy, un personaje que buscaba en diversos orígenes, a quién presentaba ante el resto del mundo con crónicas que relataban este encuentro y cuyo retrato era la forma en que se daba a conocer.

“Un Tommy Boy es todo lo que he querido ser y no puedo. Un huevón chorongo, que le saca la chucha a cualquiera, que no está ni ahí con nadie y que me encanta como habla. Es un chico que nace para ser contemplado, pero que viene de la pobla. Entonces yo tenía que ponerle un nombre entretenido para presentar a este personaje ante el mundo gay tan normado, donde siempre está el prototipo del rubiecito bonito y cuico. Quería mostrarlo sin que nadie hiciera un prejuicio y que se convierta realmente en una obra de contemplación. Es crear un lenguaje nuevo a partir de él mismo, sin disfrazarlo de nada. De ahí creé esta serie.”

Tommy Boy, cortesía Gag-Ball

Tommy Boy, cortesía Gag-Ball

Reconoce que ahora todos quieren ser un Tommy Boy, porque dentro de su círculo de seguidores en internet, ha adquirido una carga súper sexual, “y no cualquiera puede ser uno, tiene que ser tulón, muy rudo, que se vea chorongo, que ocupe jockey, tiene tatuajes, y te lo podrías encontrar en la feria.”

El otro concepto que es objeto de sus instantáneas, es la recontextualización de la orgía, la que llama Fire Ball, que también es la estrategia para desarmar este orden establecido segmentado y estratificado por la sociedad. Parte como un experimento social con este morbo por encontrar la mejor posición en que los reflejos de la luz sobre los cuerpos creen una imagen pictórica en escala de grises que eleve y suavice la rudeza de una penetración.

“Con el tiempo empecé a generar fiestas abiertas, convocatorias donde se podía mezclar de todo. Mi idea siempre ha sido romper los círculos socioeconómicos del cuico con el cuico y el flaite con el flaite.”

“El punto donde converge mi obra es el deseo, y da lo mismo de donde vengas, qué haces, o que estudias.”

“Si es rico y me gusta, culeamos y listo. Sin ropa te escapas de todo. Puede ser cualquier persona, desde el dueño de una empresa a alguien que trabaje en comida rápida, y todos lo estamos pasando la raja sin conocernos. El punto es tomarse un copete, el que quiera jalar que jale y el que quiera fumar que fume. Y así nos empezamos a dar besos y el lenguaje paraverbal es el que importa. Yo no siempre estoy metido”.

Fire-Ball, cortesía Gag-Ball

Fire-Ball, cortesía Gag-Ball

Tres. Va en contra al sentido de la Historia del Arte.

Volver atrás es volver al color. Dejó la fotografía a color y marca un quiebre el año 2013 en su carrera, estableciendo el blanco y negro como su método oficial, que ya no necesitaba enviar al laboratorio, y comenzando a entender su trabajo como una obra en sí al incorporar el proceso de revelado. Así logra sentirse un artista y empieza a capacitarse, comprando libros de arte contemporáneo, viendo documentales sobre pintores e indagando en los distintos formatos que puede dar este soporte análogo, incluso buscando reminiscencias en el renacimiento.

“Es una obra que no pretende nada, es como salga, y desde este punto te liberas de un montón de cosas. Muchos fotógrafos, por ejemplo, me preguntan qué diafragma o qué velocidad uso, y no tengo idea. Aprieto el botón y chao. Me olvido de todos esos tecnicismos tontos, porque piensas tanto rato sobre cómo poner la cámara según la luz, que se te va el momento. Si la foto salió velada, salió así y lo encuentro increíble. Hay muchas fotos en la expo que tienen errores, como veladuras en ciertas partes, y eso crea una obra espontánea desde el no saber, y lo convierte en algo nuevo.”

Cortesía Gag-Ball.

Cortesía Gag-Ball

Cuatro. Está haciendo Historia.

La exposición HDA es un salto enorme del underground digital al circuito oficial del hermético mundo del arte chileno y Latinoamericano. La exquisita advertencia de “sólo para mayores de 18 años” del afiche de invitación es la precaución de que estamos frente a algo fuerte, y destellos de esto se han visto antes cuando de manera orgánica explotó su difusión. Un amigo le recomendó a Sebastián que subiera a Internet su obra en el año 2009, y tras pensarlo y tomar la decisión de llevarlo a cabo, explotó como una bomba. Ahí supo que era una obra.

Es imposible no pensar en tabúes y pudores cuando uno ve la obra de Gag-Ball, y el rol del género, uno de los principales temas que coronan el punto de discusión de la generación actual, es un fundamento más de esta exhibición.

“Yo creo que el tabú no pasa tanto por lo gay, sino que cuando se toca el tema del sexo. Eso siempre va a ser un tabú, sea hétero, gay, con animales o con quien sea… Pero por ejemplo un fisting, una imagen muy violenta, sería mucho más morbosa si fuera hétero. Los hombres dirían ¡oh, cáchate esa mina!, ¡la mina bacán!, ¡la media mina!, ¡qué maraca la huevona!, ¡qué es aperrada!, ¡mira como se la come! Pero las mujeres reclamarían ¡qué onda esta mina, cómo se puede perfilar así! ¡qué violenta! ¡por qué dejan que abusen de ella! ¡por qué se deja mostrar así! ¡por qué denigra al género femenino! ¡por eso los hombres nos violentan en el metro!”

Cortesía Gag-Ball

Cortesía Gag-Ball

Hay gran expectación en torno a esta exposición que antes de la apertura ya extendió su tiempo de exhibición a dos meses. Incluso el mismo Sebastián está ansioso de lo que pueda ocurrir, porque al igual que su salida a Internet, es una nueva bomba que hace rato se viene bordeando.

“Hace poco me escribió un correo Paz Errázuriz, para mí un gran referente que me hizo entender la foto, para felicitarme por la exposición. Hace mucho rato se hablaba de mí en el arte, pero nadie había dado el paso. Mucha gente sabía de mí, galeristas, curadores, etcétera, porque con Internet es muy difícil que nadie sepa, le guste a la gente o no. Ahora que no se metan más allá es porque tienen un cierto miedo de hasta donde yo era capaz de llegar. Generalmente estas personas están siempre ahí tanteando, no entran ni salen de la piscina, porque necesitan saber que hay algo sólido donde se puedan agarrar y plantarlo, no tomarlo de la manito y dejarlo ahí para saber qué va a pasar.”.

Tiene miedo a un posible boicot. Ya ha sido víctima de la intolerancia como una vez que le hackearon su sitio web y le borraron toda la información que afortunadamente tenía respaldada porque es todo análogo. Esa vez se dio una interesante campaña en redes sociales, donde una importante cantidad de seguidores subían fotos a distintas plataformas con el hashtag “pray for gag-ball” en creativas imágenes sexuales. Considera que si bien le produce mucha curiosidad la opinión conservadora atacada y que espera el titular terrible que haga alusión a la sodomía, ya tomó una precaución:

“Cuando me hablaron que iba a haber un afiche, pensé de inmediato que no quiero la típica foto de autor de mí sentado con camisa en blanco y negro. Ese no soy yo. Si soy capaz de hablar de otras personas desde lo más íntimo, no quiero ser yo el que esté con ropa. Entonces me di vuelta y me tomé una foto abriéndome el hoyo, tratando de decir que si el propio autor se muestra así, es que no me pueden destruir más de lo que yo mismo me puedo autodestruir”.

Van a pasar muchas cosas interesantes durante este momento. Quiere que la gente disfrute y que no sea cerrada para ciertos segmentos, sino que todos confluyan, tal como sus fire-balls, en una inauguración sin invitación. Que el coleccionista millonario se encuentre con el trabajador, que toda esta fauna conviva porque estarán ahí nada más que por la obra, y en su obra converge el deseo. También es interesante el encuentro de modelos y las conversaciones que se pueden generar cuando se encuentren frente a sus atributos físicos. Esperamos que se pasen contactos y se armen nuevos encuentros.

Cortesía Gag-Ball

Cortesía Gag-Ball

“Primera vez que en Chile una persona tan chica tiene una exposición de ese nivel y con tanto material que habla de tanto tiempo.

“Hay fotos que tomé cuando tenía 16 años”.

Ni siquiera pensaba a esa edad que algún día esa obra iba a estar en una galería. Para mí era un juego. Remontar esa foto a ese niño que está tomando la foto solo porque está jugando, y luego a ese día en que me encuentre parado frente a ella, enmarcada, como una obra de contemplación es heavy. Ni siquiera fue creada para estar ahí. Fue creada en otro contexto y ahora está ahí por un motivo completamente distinto, porque ahora es un objeto de arte”.

Cortesía Gag-Ball

Cortesía Gag-Ball

Son más de 50 fotos que se exponen en la totalidad de una galería que cedió todos sus muros para una muestra retrospectiva, que ni siquiera grandes artistas de este país lo han logrado estando vivos, y Gag-Ball a los 26 años lo está haciendo. La invitación queda abierta para el jueves 14 de julio en pleno centro fundacional de la capital.

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