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Conversando con “La Mujer del Agua”, Lux Pascal: “Toda mi vida transita”
Lux Pascal. Fotografía: Jonathan Zamora

Conversando con “La Mujer del Agua”, Lux Pascal: “Toda mi vida transita”

Words Gowosa

Febrero 2021. Estaba en rodaje cuando alguien se me acerca con un celular en la mano: “¿La viste?”. Era la portada de la revista YA del diario El Mercurio —uno de los medios más grandes y conservadores de Chile— donde estaba mi amiga Lux: “La transición de Lux Pascal“. Yo sabía que estaba en Chile hace algunas semanas pero no sabía que esto saldría a la luz. Las redes sociales inmediatamente se llenaron de mensajes de apoyo, fue trending topic en Twitter y tema de conversación en varios programas de la tele.

Lux es una actriz chilena de 28 años, es hija de dos exiliados de la dictadura chilena. Tiene una versátil carrera como actriz: Ha sido parte de importantes obras de teatro como La Noche Obstinada, del argentino Pablo Rotemberg, o del monólogo Kassandra de Sergio Blanco siendo curiosamente la última obra que protagonizó, antes de irse a Nueva York a estudiar en la prestigiosa escuela de actuación Julliard, donde interpreta un personaje transgénero. En televisión fue parte del elenco de la exitosa serie Los 80, Narcos (Netflix) y de La Jauría (Amazon Prime), entre otras. Y en el cine ha trabajado con Sebastián Muñoz en su ópera prima El Príncipe, con Gonzalo Maza en Ella es Cristina y otros.

Es por ello que es inimaginable el valor que tiene una publicación como la de la revista YA para un país que tiende a invisibilizar a las personas trans. Y sobre todo cuando es alguien cercana: con Lux nos conocimos en la universidad cuando ambas estábamos en procesos muy diferentes al actual respecto a nuestra identidad de género. Pero estoy segura que nos vimos por quienes éramos realmente. Quienes somos ahora, probablemente. Y por eso quise conversar con ella, más allá de su prontuario como actriz, más allá de sus planes en Nueva York, más allá de lo que una persona cis pueda preguntarle: conversar con ella de trans a trans.

Lux Pascal. Fotografía: Jonathan Zamora
Lux Pascal. Fotografía: Jonathan Zamora
Lux Pascal. Fotografía: Jonathan Zamora
Lux Pascal. Fotografía: Jonathan Zamora

Llego a su casa, muriendo de calor. Es verano en Santiago y la mascarilla además de protegerme, también me sofoca. Ella estaba recién salida de la ducha, acababa de terminar sus clases virtuales conectada con sus compañerxs de Julliard. Está cambiada: su piel más suave, un olor más dulce y menos musculatura en el cuerpo. Pero sigue inquieta, haciendo varias cosas al mismo tiempo y tomándose su tiempo antes de responder. También ese ángel de niña sigue ahí. Muy de géminis.

Antes de que podamos conversar, vamos a almorzar para ponernos al día como viejas amigas. Nunca fuimos de juntarnos sino más bien de toparnos, donde sentíamos una especial conexión y el resto del mundo quedaba en pausa. Es curioso que es primera vez que tenemos esa oportunidad de juntarnos por iniciativa propia.

Tengo la idea de que la pararán en cualquier momento en la calle, porque ha perdido más anonimato después de la portada de la revista. A pesar de que la miran, nadie se nos acerca. Debe ser la mascarilla. “Oye, si igual me han reconocido”, me dice en un tono de falsa ofensa. Nos reímos. Vienen los recuerdos, las ideas de quiénes éramos y las curiosidades de estar conociendo esas nuevas partes de nosotras que antes estaban más escondidas.

Gowosa: ¿Cómo te has sentido después de la portada de la revista que anuncia tu transición?

Lux Pascal: Me cuesta diferenciar si esto es algo bueno para mi vida, o si es algo que me puede destruir un poco emocionalmente. Pero me he preocupado de mantener la calma, de enfocarme en mis estudios de la universidad, de sentarme, de respirar, y también de celebrar y divulgar lo justo y necesario. Creo que el movimiento que se hizo a partir de esa entrevista es más grande que yo misma. Siento que le está hablando a mucha otra gente que yo no hubiera esperado: por eso elegimos la revista Ya, que llega a los poderosos de Chile. Esa gente está viendo lo que es el cambio y la inclusión, la humanidad. La compasión, la aceptación. Algo que nos conecte.

G: Estuve leyendo un par de críticas, no a ti personalmente, sino al medio y la hegemonía que representa. ¿Tú crees que esa empatía que se logró es porque ven a una par y no ven la idea de trans que tienen en sus cabezas?

L: Hay un montón de factores que yo creo que una persona como yo pudiera estar en la portada de esa revista, no lo voy a negar. En la misma entrevista yo hablé de mis privilegios; yo estaba dando esa entrevista justamente por mis privilegios. Entonces obviamente tenía que meter en ese artículo la idea de que no me diferencien de las prostitutas trans, de los travestis de la calle, o de las personas trans que transicionan en la pobreza. Somos todas hermanas. Porque para mí es importante, sobre todo con la seguridad que tengo en mí misma ahora, que la logré después de tanto tiempo, poder decir estas chicas son yo. Siempre han sido yo. La realidad de las mujeres trans parte de los escalafones más bajos de nuestra sociedad, eso es un hecho, es real.

G: Entiendo el impulso político, pero a nivel personal: ¿qué te llevó a exponerte? Creo que las personas de la diversidad sexual estamos tan acostumbradas a tener que exponernos de manera íntima para defendernos, para visibilizar lo que la hegemonía quiere ocultar…

L: Es más fácil hablar de lo político, porque lo personal es menos consciente, es más animal e instintivo. Una parte de mí quería mostrarse no más, quería que la gente supiera con un grito, sutil, y fue escuchado. Fue algo a lo que la gente le puso atención y yo quería hacerlo así. Había una parte de mí que quería que la gente me viera como yo me estaba viendo a mí misma, y que dejaran de verme como todos estos personajes que he estado haciendo en mi carrera, que eran muy distintos entre ellos por lo demás, pero que nunca se definían con una identidad clara. Y ahora que estoy segura y contenta de mi identidad, la quiero mostrar. Mírenme.

Con un acto así, que tiene esa fuerza, también soy capaz de re introducirme como Lux y que la gente empiece a entenderme así y dejen de lado la imagen que tenían de un joven masculino.

Lux Pascal. Fotografía: Jonathan Zamora
Lux Pascal. Fotografía: Jonathan Zamora

G: Tiendo a pensar que las identidades trans estamos romantizadas de alguna forma. También sumamente maltratadas, pero me refiero a la idealización de las personas trans que exponen su identidad públicamente. Transformarles en héroes o heroínas. No sé si sientes ese peso ahora, o ya lo venías sintiendo.

L: Nos ponen en un pedestal, pero también en el piso. Como a las mujeres en general. Pero igual yo creo que las mujeres trans somos heroínas, nos idealizan pero tenemos un lado oscuro (al menos las que yo conozco). Somos humanas, pero sí que sabemos de compasión, de empatía. Porque hemos pasado por cosas muy difíciles que te abre los poros de la sensibilidad, empiezas a entender más a la gente, a ver los dolores de las personas y escuchas mejor lo que tienes a tu alrededor. De cierta forma nos idealizan, pero hay algo de verdad en esa idealización.

G: Sí, estoy de acuerdo que hay algo heroico en la identidad trans, pero también siento que hay algo peligroso en esa idealización de querer transformarnos en mártires. Porque a nivel personal, es complejo sentir que la gente te pone una categoría de intachable, cumplir un rol, el deber ser. Y probablemente con las mujeres trans es más fuerte, porque transitan hacia eso que se le exige a la feminidad.

L: Ser perfectas… aunque sea básico, es eso lo que te están exigiendo: perfección. Pero la oportunidad que tenemos como mujeres trans, y lo que realmente nos puede transformar en heroínas de carne y hueso, es abrazar nuestras diferencias. Eso es lo que yo quería decir en la entrevista. Esa imagen impactó. Para mí fue muy importante poder decir que yo me quiero así: yo no transicioné a los trece años, esta es mi voz, esta es mi manzana de Adán, estos son los bigotes que aún no puedo solucionar con láser…tengo todas esas cosas, y sé que las tengo.

No te voy a decir que las adoro, pero también me importa un carajo tenerlo. Es parte de mi cuerpo, y aun así me expuse. La mayor parte del tiempo están y no me producen una inseguridad enorme, me produce una inseguridad típica. Y eso es lo que quiero que la gente vea, que las personas trans somos humanas. Y si tú logras controlarlo, que las mujeres trans creo que tenemos esa oportunidad, ahí realmente somos diosas. Ahí creo que alcanzas ese nivel. No tiene que ver con ser intachable, sino ir caminando por la vida relajada, feliz y flotando.

G: También creo que de repente vamos forjando nuestra identidad más desde lo social que desde lo personal. Muchas veces por no incomodar a la gente me pienso qué ponerme o cómo referirme a mí misma, ¿qué te pasaba antes de declararte como trans?

L: Antes de transicionar, ya incluso me sentía socializada como mujer. Tuve situaciones de acoso, por ejemplo, que no se sentían dirigidas a mí como niño, era muy cercano a lo que yo en ese momento sentía que otras mujeres experimentaban. Entonces yo ya tenía esa experiencia, la sociedad ya me veía a mí como una mujer, inconscientemente. Y ahora que soy mujer en el sentido más práctico de la palabra, que salgo a la calle y soy entendida como mujer, comprendo lo más fácil que era ser hombre. Pasar piola, ser neutro. Si yo elegía, podía apretar un botón dentro de mí y desaparecer, estar cómodo. Ahora eso ya no lo tengo. Cuando una mujer entra en un espacio la gente lo siente, se nota. No sé si será por ser trans o por ser mujer.

Lux Pascal. Fotografía: Jonathan Zamora
Lux Pascal. Fotografía: Jonathan Zamora
Lux Pascal. Fotografía: Jonathan Zamora
Lux Pascal. Fotografía: Jonathan Zamora

G: En tu experiencia, definir tu identidad como no binaria ¿fue un trampolín?, ¿sirvió como un puente para entender algo?

L: Yo sigo sintiendo que soy no binaria. Siento que todas las personas trans tenemos una conciencia de nosotras mismas muy fuerte, que nuevamente se vincula al heroísmo. Es un regalo, pero también un castigo. Si la gente se entendiera más, quizás todes verían que son no binaries. Porque los cuerpos tienen un poco de lo uno y de lo otro.

Definirme como mujer trans, tiene que ver con la persona que me convierto interiormente, qué experiencias busco, qué viajes estoy haciendo. Y también con los personajes que yo quiero empezar a interpretar, con los roles que quiero que me empiecen a llegar. Yo de corazón me siento más no binaria, pero creo que en lo práctico es más simple que la gente me entienda como mujer. Por mi carrera, por la imagen. Así es esto. Quizás hayan quienes al ser no binaria, me digan: “Ay, es que no sé si entregarle un papel de mujer, no quiero ofenderla”. Quiero que me miren como mujer, y después de que me mires como mujer, mírame como no binaria.

G: Qué curioso que me digas eso, porque Judith Butler habla mucho de lo performativo del género…y qué más performativo que ser una actriz y trans

L: Soy realista igual. Mis aspiraciones no van a ser interpretar una mujer embarazada o que aborta, por ejemplo. Pero claro que en un punto quiero que los personajes que interprete sean trans. Pero me gustaría que su drama no fuera ser trans, que no fuera algo que la distinga. Es como Hunter Schafer en Euphoria: su personaje no se trata de eso… creo que hasta ahora es el mejor personaje trans que he visto. Lo trans es secundario, pero al mismo tiempo, lo expone porque es creador de su identidad… pero es una chica, finalmente.

Ahora como mujer trans, siento que puedo encapsularme en “el personaje trans” y que quede la idea de que eso es lo único que puedo hacer. Pero bueno, tengo solo una vida, una sola carrera. Quiero aprovecharla, porque puede que alguien se vea representada. Eso es lo que más me gusta de interpretar personajes: alguien puede verse representada de repente y es una sensación orgásmica que te llena de euforia…como con Hunter, la vi y fue como “oh, wow”.

G: Claro, como decir: “estoy en pantalla”…

L: ¡Exactamente! Exactamente eso: estoy en pantalla… eso es lo que me gusta de poder contar historias, nos hacen pensar y reflexionar. Nos hacen entender cosas. Yo estoy súper abierta a poder aportar, a crear en conjunto un personaje con un director o directora, por ejemplo. Que hayan creadores que, sin saber mucho de identidades trans, hagan preguntas, que se metan y traten de entender.

G: ¿Qué otras cosas están transitando en tu vida?

L: Toda mi vida transita. Pero así bien concretamente, creo que estoy envejeciendo. Y eso lo veo, materialmente en mi cuerpo lo siento. También las hormonas han hecho eso, estoy más cansada por ejemplo. Y al mismo tiempo me siento tan nueva, es muy loco. Porque el machismo nos hace creer que después de los 30 años las mujeres dejamos de ser objeto de deseo y empezamos a tener otros atributos. Somos más un gusto adquirido, sobre todo si eres trans.

Pero tengo 28, me queda demasiado. Yo a los 22 que quería desesperadamente hacer papeles de mujer, no me imaginé que iba a estar sentada con una entrevista en el diario más leído del país anunciando que soy trans. Y ya lo hice, ya di el paso. Da miedo ser trans, es lo último que quieres para ti. Yo cuando me comprendía como hombre gay, era más fácil. Todos quieren a los gay, ¿pero a las y los trans? Yo me lo quería sacar, de todas formas. Pero no me lo saqué, lo acepté y estoy feliz.

Lux Pascal. Fotografía: Jonathan Zamora
Lux Pascal. Fotografía: Jonathan Zamora

G: Para nuestra generación reconocerse como gay era una respuesta casi inmediata al sentir que tu identidad no calzaba con la norma, al sentirse diferente. No sé si te pasaba, pero aún luego de poder “salir del clóset” y empezar a moverte en círculos más gay, mayormente masculinos, igual sentir que algo no calzaba…

L: Es interesante, porque te puedes meter más adentro, y decir que esa es la sensación de ser persona. Todos los seres humanos sentimos esa incomodidad de no pertenecer. Existir requiere de esa angustia de no sentirse encontrade con une misme… pero sí creo que el código social de lo gay nunca fue algo de lo que me sentía totalmente encontrada. A tal punto que dejé de moverme en esos círculos, de ir a fiestas gay por ejemplo. Nunca fue algo mío.

O sea, la marcha feminista me hizo estar más hallada que una fiesta gay, esto es mi tema pensaba. Las luchas que las mujeres están tratando de llevar, son mis luchas también, eso es lo que más me llama la atención. El feminismo es muy expansivo. La sensación de ser minimizada, el mansplaning, todo eso que una siente, seguro tú también. El espacio que ocupas en la sociedad es de mujer, y que internalizas los mensajes que son dirigidos por la sociedad contra las mujeres y los transformas en tuyos, que son diferentes a los de las personas homosexuales.

G: Hay quienes creen que a las personas trans se nos puede ir la vida en la misma transición, olvidando otras áreas de desarrollo de nuestra condición humana. ¿Tú qué piensas?

L: Siempre va a ser un peso para nosotras. Para mí igual la transición no ha cambiado mucho mi vida, o sea, los primeros años se trata solo de eso me imagino, igual yo llevo menos de un año siendo socialmente reconocida como mujer y tomando hormonas, entonces es el centro, pero después eso cambia. Cuando transicionas aparece una potencia en ti, es mejor llevar a cabo tu deseo de transicionar a tenerlo reprimido.

Cuando te reprimes, eso sí que envuelve toda tu vida. Las personas trans que tienen el impulso de transicionar, tienen que hacerlo. Y no tiene que ver necesariamente, las dos lo sabemos, con tomar o no hormonas o cirugías. Es hacerte cargo de ese regalo y de ese castigo, de la auto consciencia que tenemos, que te puede llevar a hacer cosas muy maravillosas por ti misma… pero por el resto también.

Cuando terminamos de conversar, veo que en su living hay un cuento dibujado por ella, como a los 7 u 8 años: La mujer del agua, que cuenta la historia de una niña, la única de su familia, que al caer al agua se convierte en la soberana del océano. Nada más trans que esa narración, le digo. Nos da risa.

Y es que en realidad, ¿no somos las personas trans las mujeres del agua? Caemos a un mundo acuoso; gobernado por el Rey Tritón o Poseidón, por el machismo y la hetero/cis norma; a ratos oscuro y profundo donde debemos —por supervivencia a veces— convertirnos en reyes o reinas. Brillar, deslumbrarnos, destacarnos. En vez de simplemente flotar y dejar que el agua nos lleve a donde tenga que ser.

  • Creative Director
    IVAN BARRIA
  • Photographer
    JONATHAN ZAMORA
  • Styling
    PAU POBLET
  • Styling Assistant
    REBECCA
  • Hair & Makeup
    IVAN BARRIA
  • Nails
    CAMILA GAJARDO
  • Interview
    GOWOSA
  • Special Thanks
    REPUBLIK

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