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Perspectives

Contracultura, rebeldía y libertad: al punk, en sus 40 años de edad

Fotografía: Karen Knorr y Olivier Richon
Words Mirangie Alayon

No hace mucho, la madre del punk Vivienne Westwood afirmó el movimiento punk estaba muerto. Según la diseñadora, la mayoría de los chicos que en los años 70 se involucraron con la movida contracultural iniciada por los Sex Pistols, por su esposo de aquel entonces Malcolm McLaren y ella misma, sólo lo hacían para verse diferentes sin conocer realmente el origen de esa protesta o la razón por qué las swastikas, las corbatas colegiales, la bandera Union Jack, Karl Marx y las hojillas formaban parte de su atuendo.

A mediados de los años 70, la atmósfera social y económica del Reino Unido era de un declive lento, pero constante, con una economía llena de inflación y con crecientes huelgas de trabajadores del sector primario como mineros, que demandaban mejores pagos por parte del gobierno. Con un ambiente que poco a poco iba burbujeando con ira e insatisfacción, uno de los pocos escapes de la juventud de la época fue la música, con grupos como The Clash y The Sex Pistols, quienes capitanearon una revolución cultural cuya influencia todavía se siente hoy en día.

Sex Pistols, por AP Archive

Sex Pistols. Fotografía: AP/Archive

La rebelión y la calma

Con cantos de anarquía que llamaban a atacar la conformidad social y el status quo de la realeza, el punk estaba lleno de letras contra la industria musical, el consumismo, el fascismo y abogaban por la anarquía, la apatía, la violencia y el aborto. Pero una llama tan intensa estaba destinada a esfumarse rápidamente: los Sex Pistols duraron sólo tres años, pero su espíritu rebelde viajó a diferentes rincones del planeta, desde donde músicos como Patti Smith, The Damned, Pere Ubu, los Stooges, Black Flag y Hüsker Dü dieron paso a Gang of Four, Joy Division, The Jam, The Smiths, Television, Sonic Youth y muchas otras bandas que marcaron un antes y un después.

Patti Smith por Getty Archive

Patti Smith. Fotografía: Getty/Archive

Gracias a esta subcultura nace el post punk, el rock alternativo y la versión más mainstream del sonido en el pop punk que todavía escuchamos en bandas como Blink-182, pero más allá de la música, ¿sigue vivo el punk? Es fácil sentir que la historia del punk se ha convertido en un exceso de historias repetidas en los últimos años, y que el movimiento se ha reducido a una serie de clichés cansados que cada cierto tiempo recordamos en un resumen musical en televisión o en una lista reciclada hecha por Rolling Stone o en un documental que siempre incluye a un chico con cresta y púas en el cuello.

En 1967, el pensador francés Guy Debord afirmó que el consumismo capitalista le quitaba todo el verdadero sentido a las experiencias vividas. Para él, “todo lo que fue una vez vivido de manera directa se ha convertido en una mera representación.” Este año, Londres realiza a partir de julio una gran celebración del punk llamada Punk London que se llevará a cabo hasta el mes de octubre como celebración de los 40 años del nacimiento del movimiento. Grandes instituciones como el Museo de Londres, la Biblioteca Británica y hasta el mismísimo Palacio de Buckingham se unirán a los diversos eventos, en una muestra de ironía total: cuando una subcultura forma parte del mainstream, estamos en problemas. Lo que una vez fue radical hoy cuenta con la bendición de la reina y se siente como si fuese una pieza de museo o un homenaje a un cadáver en descomposición.

Una nueva era

Cultura punk en Burma, de Olaf Schuelke

Cultura punk en Burma. Fotografía: Olaf Schuelke

Hoy vivimos en un mundo en caos, presa de la violencia, las guerras y los conflictos, injusticias sociales por doquier y pobreza que siempre busca esconderse bajo la mesa. Economías destruidas, auge del racismo y la homofobia y refugiados que son tratados como sub humanos son historias que vemos cada día. Y nunca sucede nada, pues la gente se siente entumecida, adormitada, ya insensible frente a tanto horror. Y con ese adormecimiento llega la complacencia y el sentimiento de que ya no hay una voz que las represente: dejar de luchar por lo que se cree siempre es un riego cuando se siente que ya nada importa.

Si algo nos enseña la historia es que es un ciclo que suele repetirse, y el mundo está en el vértice de algo grande. ¿Quiénes son nuestros punks? ¿Quiénes van a encender el barril de pólvora en esta oportunidad? A finales de los años 70 hubo un momento lleno de libertad en el que muchos pudieron vislumbrar brevemente las posibilidades del empoderamiento y de lo que el mundo podía ser. Para muchos, el punk ya no encaja en nuestra narrativa actual de individuos aspiracionales, sin necesidad de reafirmación colectiva, salvo por las infinitas distracciones de las redes sociales y cuántas personas nos siguen y le dan un “me gusta” a nuestro enésimo selfie.

Aunque muchos lo consideren como un recuerdo del pasado, siempre habrá alguien listo para recordarnos que el poder hipnotizante del espectáculo vacío de la “celebridad” de hoy en día es sólo una ilusión. El punk, como todas las grandes provocaciones contra el status quo, siempre revelará más sobre la maldad que se esconde bajo esa conformidad que aparenta ser perfecta. Si el punk está muerto, entonces mantengamos su espíritu vivo: una de las velas de ese altar puede ser la que vuelva a encender la mecha de la rebeldía y por un momento, hacernos sentir que esta vez nuestra reina será Patti Smith.

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