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Film / TV Perspectives

Conoce a Aimee Lou Wood, la actriz de “Sex Education” que transformó su dismorfia corporal en un poderoso mensaje de autoaceptación

Aimee Lou Wood. Fotografía: Instagram @mollieroseuk
Words mor.bo

Cuando Sex Education, la serie adolescente de Netflix sobre una clínica sexual dirigida por estudiantes en una escuela secundaria británica, se estrenó el año pasado, fue una sensación. Gillian Anderson tuvo un gran éxito como la terapeuta sexual Jean, pero fue el elenco de jóvenes actores desconocidos quienes se robaron el show, convirtiéndose en estrellas de la noche a la mañana. El hijo de Jean, Otis (Asa Butterfield) y sus amigos Eric (Ncuti Gatwa) y Maeve (Emma Mackey) ofrecen consejos desde un bloque de baños abandonado a adolescentes cachondos y hormonales, que se divierten, con distintos grados de satisfacción. Aimee Lou Wood es una de ellas, en su primer papel en la pantalla como la dulce y ocasionalmente ingenua Aimee Gibbs.

La primera temporada abrió con una escena con Wood, de 24 años, en pleno sexo, inspeccionando un condón seco usado e interrogando a su novio: “¿Dónde está el semen, Adam?”

“Soy la persona menos reservada”, dice Aimee. “Puedo hablar de mierda y de movimientos intestinales; cualquier cosa que sea asquerosa y divertida y grosera y fea y autodespreciable es fácil de hacer. Pero hablar de sensualidad, de disfrutar del sexo… Me parece que todo es muy incómodo. Sex Education me hizo darme cuenta de mi propia incomodidad”.

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It’s ALL of our Vaginas. @houseofholland for Sex Ed. 🌹

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Volver para una nueva entrega del show, dice Wood, fue “celestial”. “Las ansiedades que tenía el año pasado se han disipado. Pero sigo estando igual de nerviosa”, cide.

“Emocionalmente, es difícil interiorizar el éxito. Pero me siento mucho más valiosa sobre lo que tengo que decir porque ahora tengo un poco de plataforma. Es un tira y afloja constante entre la confianza y el estar asustada.”

Wood lleva sus inseguridades abiertamente: es cálida e instantáneamente gregaria, con una amplia sonrisa y adorables dientes frontales de conejo. Le gusta hacer distintos acentos e imitaciones, valora más que nada sus intensas amistades femeninas. Creció en Manchester, en el Reino Unido, su madre es una consejera para la línea de ayuda Childline, y su padre es un vendedor de automóviles: se divorciaron cuando Aimee tenía nueve años.

“Ahora es que me estoy dando cuenta de todo lo que eso me afectó gracias a la terapia, que me está ayudando a identificar mi niño interior. Me pregunto: ‘¿De dónde viene esta reacción? ¿Por qué tienes una rabieta? ¿Qué es lo que te está provocando tanto?’ Antes, estaba completamente a merced de mis emociones. Era porque mi padre era extremadamente caótico. Lo amo, pero es un maravilloso desastre, y he absorbido toda esa ansiedad de él”.

Cuando la gente en la escuela empezó a difundir rumores sobre el padre de Wood, un adicto en recuperación, Aimee encontró consuelo en ir a un club de teatro: la actuación la ayudó a escapar. Luego, comenzó a tomárselo en serio, pues hizo el Curso de Fundación en la Escuela de Drama de Oxford para luego graduarse en el 2017 de la Real Academia de Arte Dramático (RADA) obteniendo la Licenciatura en Actuación.

Desde entonces, siente que ha crecido, aunque interpreta a una adolescente y la brecha entre ella y su personaje es de siete años, algo que marca un salto de madurez, en cuanto a cómo entendemos las relaciones significativas y lo que significa ser mujer en una sociedad patriarcal. “Hay algo realmente magnífico en interpretar un personaje que pasa de ser una niña a ser una mujer”, dice. “Te hace estar agradecida por donde estás ahora”.

Al interpretar el personaje, siente un impulso de comportarse como podría hacerlo, de responder como podría responder, ahora. “Tengo que seguir recordándome a mí misma, ‘Es una adolescente, es una adolescente'”, explica. “Lo que me resulta difícil es que quiero que el público sepa que soy feminista, pero eso no está bien para Aimee. Tengo que honrar el lugar en el que se encuentra ahora, a su edad”.

Otra de las cosas que aprendió al obtener el papel de Aimee fue el de aceptarse un poco más a sí misma. En una hermosa, conmovedora y poderosa entrevista reciente con la revista Glamour, cuenta que sufre de dismorfia corporal desde muy joven, y que incluso solía escribir la palabra “gorda” en su espejo, para recordarse a sí misma cómo se sentía. Mientras contaba la anécdota en la entrevista, comenzó a llorar, recordando el dolor que sentía entonces.

“Incluso cuando supe que tenía que tener escenas de desnudos, pensé: ‘voy a comenzar a comer ensaladas’, pero no lo hice. Tomé la decisión de que Aimee se veía de cierta manera, con mi cuerpo, y que muchas chicas se sentirían felices de ver a alguien así en la pantalla, cómoda consigo misma. A veces veo fotos mías y pienso, ‘qué mal ángulo’, o ‘eughh’, pero nada como antes”.

Si bien Sex Education le da vuelta a los clichés simplistas sobre las mujeres jóvenes y el sexo común en las series de secundaria — popular, impopular, virgen, zorr — y trata a sus personajes con matices. Aimee ya era experimentada cuando la conocimos, pero aún así tuvo un despertar sexual: a través de ella, la serie exploró el tema del placer femenino. Fue necesario que un chico le dijera “se siente como si estuvieras actuando” para que la misma Aimee considerara incluso su propio placer, pues una escena la tenía masturbándose toda la noche (“creo que se me caerá el clítoris”).

“No estamos animando a las chicas a tener sexo como las estrellas del porno y los orgasmos falsos, deberían estar diciéndole sus parejas lo que quieren y disfrutándolo, no sólo sirviéndoles. La sexualidad se filtra al resto de tu personalidad. Si puedes hacerte cargo de eso, puedes hacerte cargo de muchas cosas en tu vida”.

Las primeras experiencias de Wood fueron más afortunadas que las de Aimee. “Con mi primer novio, cuando tenía 16 años, pensé: ‘Dios, él tiene más experiencia y yo soy virgen, y no puedo parecerlo, así que voy a fingir que me lo estoy pasando mejor que nunca’. Estaba bastante bien informado para su edad y me preguntó: ‘¿Qué quieres?’ Tuve suerte”, dice, antes de retractarse. “Bueno, no tuve ‘suerte’. Todos deberían ser así”.

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Aún así, cuando rompieron, volvió a su antigua forma de pensar y “el acto estaba de vuelta”. A veces, “me falté completamente al respeto a mí misma”. En estos días, se está mudando al norte de Londres con su actual novio, Connor Swindells, que interpreta a su ex, Adam, en el programa. Aimee dice que es “muy vocal y activo y realmente quiere trabajar para ver el cambio” en lo que se refiere a la sexualidad femenina.

En la segunda temporada de Sex Education, es a través de Aimee de nuevo que el show explora otro tabú para las mujeres: la agresión sexual. Aimee llega a la escuela alegremente una mañana para compartir que un hombre se masturbó sobre ella en el autobús. Para empezar, su principal preocupación es que el tipo arruinó sus jeans favoritos, pero termina yendo a la policía gracias a Maeve. Poco a poco, la repugnancia se convierte en algo más amenazador; pierde la fe en la gente en la que confía, está asustada todo el tiempo y tiene miedo de tomar el autobús.

“Es una cosa traumática que te cambia el mundo. Y hubo una tentación de mi parte de reaccionar como yo lo hubiese hecho. Creo que habría manejado la situación de otra manera. Tal vez habría sido más feminista al respecto. Pero el personale no está allí todavía. Esto la va a cambiar”.

Una de las frases que el personaje dice es: “solía sentirme segura, y ahora ya no”. Necesita a las otras mujeres del show para sacarla de esta fase oscura. “El énfasis en la amistad es lo que más me atrajo de la serie en primer lugar, dice. Vi el guión y pensé: ‘Por fin un programa para adolescentes donde las chicas no compiten entre sí'”.

Su último proyecto es en el teatro: interpretará a Sonya en la nueva adaptación del director Conor McPherson de la obra Uncle Vanya de Anton Chéjov, junto con Toby Jones y Richard Armitage. “En todas las obras que he hecho he tendido a ser la más joven”, dice. “Los niveles de pánico son diferentes. Me gusta estar rodeada de actores mayores porque las cosas que me parecían el fin del mundo, las han hecho millones de veces. Tienen una autoestima más robusta”.

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