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Comprar artículos de lujo y ropa cara te hace sentir miserable, según estudio

¿Sufres del síndrome impostor del consumo de lujo? Fotografía: HighSnobiety
Words mor.bo

A todos nos ha pasado alguna vez: cuando estamos en un mal momento, un poco tristes o desanimados, solemos hacer un poco de retail therapy yéndonos de compras, y consintiéndonos comprando un par de cosas que, en otra circunstancia, estarían fuera de nuestro presupuesto. Pero después de algunas horas y unos cuantos golpes a la tarjeta de crédito, llegamos a casa con ese artículo que siempre quisimos pero que pensábamos prohibitivo.

Ahora, resulta que ese high de felicidad y de adrenalina que pensábamos que un artículo de lujo o una prenda de vestir cara nos daba, en realidad nos hace sentir más miserables, de acuerdo con un estudio publicado por el Boston College y la Business School de la Universidad de Harvard. Así como lo lees: los efectos psicológicos de comprar un nuevo artículo de lujo a menudo no son ni positivos ni neutrales, pues para la mayoría, poseer artículos de lujo nos hace sentir mal.

Nailya Ordabayeva, autora del estudio y profesora asociada de mercadeo en la Escuela de Administración Carroll del Boston College dice que si bien investigaciones anteriores apoyan la idea de que el lujo es atractivo para los consumidores “porque promete estatus y confianza”, han habido pocas investigaciones sobre cómo se sienten realmente los consumidores cuando consumen productos de lujo: “nos interesaba averiguar si este aumento de confianza que promete el lujo se materializa de hecho o si hay consecuencias inesperadas de darse lujos para los consumidores”.

El resultado fue sorpresivo para los investigadores, pues a pesar de las expectativas de los consumidores de que la compra de un par de zapatillas deportivas Gucci, un hoodie Balenciaga o una bufanda Hermès resultara un estímulo, en realidad experimentaron una “disonancia entre lo que representa el lujo y lo que realmente son”, dice Ordabayeva. “Y eso generó lo que llamamos el síndrome impostor del consumo de lujo”.

El estudio determinó que el “síndrome del impostor” es frecuente en todas las demografías de edad e ingresos. De hecho, más del 66% de las 1.000 personas que fueron sujetos en la investigación, independientemente de su nivel de ingresos, consideraron que hacer una compra de lujo les hacía sentirse “inauténticos”, como si su verdadera identidad estuviera en desacuerdo con la opulencia de los artículos adquiridos.

Sin embargo, no todo es tan malo para algunos, pues el estudio demuetra que quienes tienen un alto nivel de sentirse con derecho de tener estos artículos tienen este “síndrome del impostor” mucho menos pronunciado. “Las personas que sentían que se merecían las mejores cosas de la vida eran el único grupo de individuos con menores sentimientos de inautenticidad”, dice Ordabayeva.

Aunque el informe reconoce puntos en los que comprar algo caro podría ser beneficioso, como la ropa que hay que llevar a una entrevista de trabajo para impresionar a tu posible empleador, nos plantea que la verdadera pregunta que debemos hacernos antes de hacer una compra impulsiva y de alto costo es: “¿es este objeto realmente un reflejo de quien soy realmente?” Si la respuesta es sí, siéntanse en libertad de usar la tarjeta de crédito.

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