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5 cosas que debes saber sobre el uso del lenguaje inclusivo

Elles. Fotografía: MOR.BO
Words Mirangie Alayon

Desde hace un buen tiempo, los hispanoparlantes hemos estado buscando la mejor manera de buscar la solución del lenguaje inclusivo sin utilizar el masculino generalizado. No es algo nuevo: al menos desde los 90 se usa en Internet la arroba o “@” para englobar lo femenino y lo masculino en un lenguaje que le pone género a todo y que nos hace buscar alternativas a la hora de escribir para incluir a todo el mundo. Recientemente, también se ha usado la x como sustitución de la vocal que designa el género de la palabra, pero al parecer, es la “e” de términos como elle el más popularizado en el último par de años.

Para nadie es un secreto que son más y más las personas que se van identificando con el género no binario. Desde Sam Smith, Demi Lovato o alguien de nuestro círculo de amistad, han comenzado a utilizar nuevos pronombres. Claro, en inglés la cosa es fácil, pues en ese idioma existe la opción de utilizar pronombres neutros como they/them, pero en español la cosa se nos complica, y sí, el género gramatical y el género como constructo sociocultural parecen estar en conflicto constante. Por ello, hoy quisimos hablar de la importancia del lenguaje inclusivo, en especial para las minorías, y darte una pequeña guía (en constante evolución) sobre qué podemos hacer para irnos adaptando al flujo y cambio constante de nuestra lengua.

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1. ¿Por qué usar lenguaje inclusivo?

Las palabras son definitivamente poderosas. Es por ello que distintas organizaciones y movimientos sociales y civiles (y en especial les LGBTQI+ y les feministas) han estado buscando una versión neutra de ciertas palabras para incorporar a quienes han quedado fuera del discurso, en especial a aquelles que viven fuera de los límites de lo binario. Para muchos, el uso de lenguaje inclusivo se ha convertido en una manera de garantizar la igualdad entre las personas que suelen ser marginadas no solo por el vocabulario, sino por la sociedad misma: las mujeres y personas de otros grupos, como las personas transgénero, de género fluido y no binarias. Así, les activistas han impulsado el uso de un lenguaje más igualitario que nos represente a todes. El Gobierno de México, por ejemplo, señala en su website oficial que el uso del lenguaje sexista refuerza la “idea errónea de que las mujeres tienen un papel de inferioridad o subordinación con respecto al hombre”, algo que por lo general contribuye con un refuerzo de la desigualdad y justifica la violencia ejercida hacia ellas. Lo mismo pasa con las poblaciones trans y no binarias. Así que, al igual que quienes nos leen, nos toca aprender todos los días, ya que el leguaje inclusivo es un gran reto para todes.

2. El uso de “elle”

Básicamente, el pronombre alternativo y neutro “elle” (no oficial, claro está) nació de la fusión de lo binario para convertirlo en algo más. Combinado los pronombres él y ella, se deja atrás esa dualidad de géneros (tanto en el sentido gramatical como cultural) que nos obliga a identificarnos como hombres o mujeres. De esta manera, se busca que el género ya no quede asociado a nuestros órganos reproductores, sino que refleje de alguna manera el amplio espectro de identidades no binarias. Así, elle elle sirve para dirigirse a personas de forma neutra: si eres un “él” o una “ella” probablemente te dé igual, pero a aquelles que son “elles”, es una manera sutil de incluirles. Por ejemplo: “Hola Juan, te presento a René, estudia conmigo en la universidad. Elle viene de Argentina”.

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3. El problema con la RAE

Aunque meses atrás la Real Academia Española nos había dado la esperanza de que estuvieran evaluando el uso de “elle” como pronombre neutro al incluir el término en su observatorio de palabras, lo cierto es que terminaron diciendo que era “innecesario” el uso de letra “e” como marca de género. Y si bien no hay una versión oficial de términos inclusivos, la belleza del lenguaje está justamente en que es algo en constante evolución, y muchas palabras que terminan en el diccionario lo hacen debido a su uso cotidiano. Esperamos que eventualmente nuevas expresiones neutras para dirigirnos a personas no binarias o de género fluido puedan terminar formando un lenguaje inclusivo más formal.

4. Otras formas de ser inclusivos

Instituciones como la Organización de las Naciones Unidas o el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile se han encargado de elaborar guías en donde dan algunos consejos en áreas en donde todos los días podemos evitar la discriminación de género en el idioma, mucho más allá del género: ofrecen estrategias para hablar o escribir de manera más inclusiva en cuanto al género y eliminar estereotipos, sesgos sexistas y formas de discriminación que aún utilizamos sin saber. Por ejemplo, podemos decir “personal de salud” en vez de “enfermeras y médicos”, o eliminar la expresión “esposo/esposa” por “pareja o acompañante”. Evitemos también frases discriminatorias como “los hombres no lloran”, por favor. Te recomendamos también otros recursos en Internet como la fanzine Género Neutro y Lenguaje Inclusivo hecha por Math (@transnobinarie) que busca “la difusión de la utilización del género neutro en la lengua castellana. Tememos que el lenguaje utilizado por les activistas en algún momento deje atrás a personas que no hayan podido seguir el ritmo de los cambios o que no tengan un dominio perfecto de esta lengua, así que esta es nuestra humilde aportación a mantenerlo fácil y accesible”.

5. El futuro del lenguaje inclusivo

Si bien en algún momento esperamos que la RAE logre ser un poco más abierta con respecto al uso del lenguaje inclusivo, tampoco vamos a esperar sentades. No es de extrañar que instituciones académicas sigan aferradas al lenguaje androcentrista de manera obstinada, en especial cuando se trata de adaptarse a los tiempos y a las necesidades sociales de crear neutros para casos inclusivos o no binarios. En contraste, y tal vez por la misma naturaleza del inglés, diccionarios como el Merriam-Webster anualmente agregan al mismo coloquialismos que se vuelven cada vez más usuales en las conversaciones, pero parece que en el caso del español las cosas no serán tan fáciles. Sin embargo, estamos seguros de que esta creciente necesidad va a eventualmente convertirse en la norma, con o sin la aprobación de la Real Academia Española: llegó la hora de evolucionar y buscar ese neutro como opción (nunca como obligación); pues si no, lamentablemente se quedarán atrás y en el olvido como una institución arcaica cuyos cánones de lenguaje no representan a todos, a todas y a todes.

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